Cómo crear una contraseña segura en 2026
Publicado el 7 de marzo de 2026 | Actualizado el 20 de septiembre de 2026
Qué mide de verdad la fuerza de una contraseña, con el cálculo de entropía hecho paso a paso, y qué ataque detiene cada medida.
Respuesta directa
Para crear una contraseña segura, genera al azar una cadena de 16 caracteres o más con un generador que use el generador aleatorio criptográfico del navegador, o construye una frase de paso de seis o siete palabras sorteadas con dados. Usa una contraseña distinta en cada servicio, guárdalas en un gestor y activa la verificación en dos pasos. Lo que mide la fuerza real es la entropía, y se calcula así: bits = longitud × log₂(tamaño del alfabeto). Dieciséis caracteres tomados de un alfabeto de 88 símbolos dan 103 bits; seis palabras sorteadas de una lista de 7.776 dan 77 bits. Alargar aporta más que colar un símbolo raro. Y ninguna contraseña, por larga que sea, te protege del phishing: de eso se encarga el segundo factor.
La mayoría de las guías sobre contraseñas repiten tres consignas —mezcla mayúsculas, minúsculas, números y símbolos; cámbiala cada tres meses; no la apuntes— que hoy están, las tres, desaconsejadas por las guías técnicas de referencia. Esta página va por otro camino: te explica cómo se mide la fuerza de una contraseña, hace las cuentas delante de ti para que puedas rehacerlas, y separa con claridad qué ataque detiene cada medida. Al final tienes una guía paso a paso y una FAQ con las dudas que aparecen siempre.
Si vienes a por lo práctico, en GlobalTool tienes un generador de contraseñas que funciona dentro de tu navegador. Más abajo te cuento exactamente qué hace y qué no hace, con sus números. Antes conviene entender qué estás generando, porque una cadena de 20 caracteres puede valer mucho o muy poco según cómo haya salido.
Qué hace fuerte a una contraseña: la entropía, con el cálculo hecho
La fuerza de una contraseña no está en que «parezca difícil». Está en cuántas contraseñas distintas podrían haber salido del procedimiento con el que la creaste. Esa cantidad se expresa en bits de entropía, y es el único número que permite comparar peras con manzanas: una cadena de símbolos con una frase de cuatro palabras, por ejemplo.
La fórmula, y por qué es la que es
Cuando eliges cada carácter al azar y de forma independiente de un alfabeto de N símbolos, y la contraseña tiene L caracteres, el número de contraseñas posibles es NL. La entropía en bits es el logaritmo en base 2 de esa cifra:
El logaritmo en base 2 responde a una pregunta muy concreta: ¿cuántas veces tengo que duplicar el número de intentos para cubrir todas las posibilidades? Cada bit adicional duplica el trabajo del atacante. Pasar de 60 a 70 bits no lo multiplica por diez: lo multiplica por 1.024.
Los valores de log₂(N) que vas a necesitar son estos. Solo dígitos, N = 10 y log₂(10) = 3,32 bits por carácter. Solo minúsculas, N = 26 y log₂(26) = 4,70. Mayúsculas y minúsculas, N = 52 y log₂(52) = 5,70. Alfanumérico, N = 62 y log₂(62) = 5,95. El alfabeto completo que ofrece el generador de GlobalTool —26 mayúsculas, 26 minúsculas, 10 dígitos y 26 símbolos— suma N = 88 y log₂(88) = 6,46. Todo el ASCII imprimible con el espacio, N = 95 y log₂(95) = 6,57.
Un ejemplo completo, paso a paso
Supón una contraseña de 12 caracteres sorteados del alfabeto de 88 símbolos. La entropía es 12 × 6,46 = 77,5 bits. Eso equivale a 277,5 ≈ 1,5 × 1023 contraseñas posibles: un uno seguido de veintitrés cifras. Si estiras la misma contraseña a 16 caracteres, el cálculo pasa a 16 × 6,46 = 103,4 bits, o sea 2103,4 ≈ 1,7 × 1031 posibilidades. Has añadido cuatro caracteres y has multiplicado el espacio de búsqueda por casi 100 millones.
Fíjate en que el cálculo no depende de qué caracteres salieron. Da igual que la contraseña empiece por mayúscula o que lleve tres símbolos seguidos: lo que cuenta es el procedimiento. Esta distinción es la que se pierde en casi toda la divulgación sobre el tema, y es la fuente del error más caro.
La entropía es del procedimiento, no de la cadena
Una contraseña como Gato#Luna42! tiene doce caracteres y cumple cualquier regla de composición que le pongas. Si la hubieras sorteado del alfabeto de 88, valdría 77,5 bits. Pero no la sorteaste: la construiste con un patrón humano —dos palabras del diccionario, capitalizadas, unidas por un símbolo, con un año detrás y un cierre de exclamación—. Un programa de crackeo moderno no prueba combinaciones al azar: aplica reglas de mutación sobre listas de palabras, y ese patrón está entre las primeras reglas que aplica. La entropía efectiva de esa cadena está más cerca de 30 bits que de 77.
La regla de oro se resume rápido: si tú elegiste los caracteres, no cuentes la entropía como si fueran aleatorios. Solo puedes reclamar los bits que salen de la fórmula cuando el sorteo lo ha hecho un generador aleatorio, sea un dado o una función criptográfica. Todo lo demás es una estimación optimista que te va a fallar precisamente cuando importa.
Tabla de entropía por longitud y alfabeto
Esta tabla es aritmética pura: cada celda es L × log₂(N), redondeado. No hay ninguna estimación ni ningún supuesto detrás. Sirve para saber cuántos bits estás comprando cuando decides una longitud.
| Alfabeto | N | 8 car. | 12 car. | 16 car. | 20 car. |
|---|---|---|---|---|---|
| Solo dígitos | 10 | 27 bits | 40 bits | 53 bits | 66 bits |
| Solo minúsculas | 26 | 38 bits | 56 bits | 75 bits | 94 bits |
| Mayúsculas + minúsculas | 52 | 46 bits | 68 bits | 91 bits | 114 bits |
| Alfanumérico | 62 | 48 bits | 71 bits | 95 bits | 119 bits |
| Completo del generador | 88 | 52 bits | 78 bits | 103 bits | 129 bits |
| ASCII imprimible + espacio | 95 | 53 bits | 79 bits | 105 bits | 131 bits |
Guárdate dos referencias de esa tabla. Por debajo de 50 bits, una contraseña aguanta muy poco si el atacante consigue la base de datos y esta está mal protegida. A partir de 80 bits entras en terreno cómodo para cualquier escenario realista. Y por encima de 100 bits estás comprando margen para las décadas que vienen, lo que te cuesta exactamente cuatro pulsaciones más del ratón en el generador.
Por qué la longitud pesa más que la complejidad
Esta es la parte que más cuesta aceptar, porque va contra todo lo que llevamos veinte años escuchando en los formularios de registro. Vamos con las cuentas.
El cálculo que zanja el debate
Tienes una contraseña de 8 caracteres en minúsculas: 8 × 4,70 = 37,6 bits. Ahora tienes dos opciones para reforzarla.
Opción A, añadir complejidad. Pasas al ASCII imprimible completo sin tocar la longitud: 8 × 6,57 = 52,6 bits. Has ganado 15 bits, y a cambio tienes que recordar dónde pusiste el símbolo, si la mayúscula iba en la tercera o en la cuarta letra, y pelearte con el teclado del móvil cada vez que entras.
Opción B, añadir longitud. Te quedas en minúsculas y pasas de 8 a 12 caracteres: 12 × 4,70 = 56,4 bits. Has ganado 18,8 bits, más que con la opción A, y lo único que has hecho es escribir cuatro letras más.
La razón del resultado está en la estructura de la fórmula. La longitud es un factor multiplicativo: cada carácter que añades suma log₂(N) bits, y sigue sumándolos indefinidamente. Ampliar el alfabeto es un ajuste de una sola vez: subir de 26 a 95 símbolos solo multiplica el resultado por 6,57/4,70 = 1,4, y ahí se acaba el truco. Por eso, en cuanto sales de contraseñas muy cortas, alargar gana siempre.
Esto no significa que los símbolos sobren. Significa que el orden de prioridades es longitud primero, alfabeto después. Con 16 caracteres aleatorios tienes 91 bits usando solo letras y 103 usando el alfabeto completo: ambas cifras son de sobra. Con 8 caracteres no llegas a 55 bits ni retorciendo el teclado.
Por qué las reglas de composición obligatorias empeoran las contraseñas
Cuando un formulario exige «al menos una mayúscula, un número y un símbolo», el efecto medible no es que la gente genere contraseñas más impredecibles. El efecto es que la gente satisface el requisito de la forma más barata posible, y lo hace casi siempre igual: la mayúscula al principio, el número al final, y el símbolo es un signo de exclamación pegado al final del número. Verano2026! cumple la regla. También Madrid2026! y Empresa2026!.
El problema es que esos patrones son conocidos. Las herramientas de crackeo llevan años incorporando conjuntos de reglas que generan exactamente esas transformaciones sobre listas de palabras: capitalizar, añadir dígitos al final, sustituir «a» por «@», «e» por «3», «o» por «0», «i» por «1», añadir un año de cuatro cifras, duplicar la última letra. Una regla de composición obligatoria no expande el espacio de búsqueda del atacante: lo concentra, porque le dice qué forma tienen las contraseñas válidas de ese sitio.
Hay un segundo efecto, menos visible y más dañino. Las reglas rígidas empujan a la gente a reutilizar la misma contraseña que ya se sabe de memoria y que cumple todos los requisitos habituales. Y la reutilización, como verás en la sección de ataques, es la vía por la que caen la mayoría de las cuentas que caen.
Qué dice hoy la guía del NIST
La referencia técnica más citada en esta materia es la publicación NIST SP 800-63B, de la agencia de normalización estadounidense, en su revisión 4. Sus requisitos para contraseñas (que llama memorized secrets) apuntan justo en la dirección contraria a la costumbre. Resumidos en castellano:
- Longitud mínima de 15 caracteres cuando la contraseña es el único factor, y de 8 cuando hay un segundo factor.
- El servicio debería admitir al menos 64 caracteres, para no estorbar a quien usa frases de paso largas.
- El servicio no debe imponer reglas de composición, es decir, no debe exigir mezclas de tipos de carácter.
- El servicio no debe obligar a cambiar la contraseña de forma periódica. Solo debe forzar el cambio cuando haya indicios de que la credencial se ha comprometido.
- El servicio debe contrastar la contraseña propuesta contra una lista de bloqueo de contraseñas comunes, previsibles o aparecidas en filtraciones.
- No se deben permitir pistas almacenadas ni preguntas de seguridad como método de autenticación.
- Se deberían aceptar todos los caracteres ASCII imprimibles, el espacio y también caracteres Unicode.
Conviene decir que no todas las guías van al mismo ritmo. La página de gestión de contraseñas seguras de INCIBE, el organismo español de referencia para ciudadanía, sigue recomendando un mínimo de 8 a 10 caracteres y un cambio al menos cada seis meses. Son criterios más conservadores y anteriores al giro del NIST. Si tienes que elegir, el mínimo de 15 caracteres y la rotación solo ante sospecha son hoy la postura mejor fundamentada, porque la rotación forzada demostró producir series predecibles del tipo Clave1, Clave2, Clave3.
Una contraseña larga y aburrida que no cambias nunca protege más que una corta y retorcida que cambias cada trimestre. La rotación por calendario no resuelve ningún ataque real; solo entrena a la gente para inventar patrones.
Frases de paso y el método de los dados
Si necesitas una contraseña que tengas que teclear de memoria —la del gestor, la de cifrado del portátil, la de tu cuenta de correo principal—, la frase de paso generada con dados es la mejor herramienta disponible. Se recuerda mucho mejor que una cadena aleatoria y tiene una entropía perfectamente calculable.
Cómo funciona el método
El procedimiento, conocido como diceware, usa una lista numerada de palabras y un dado de seis caras. La lista larga publicada por la EFF se recorre tirando cinco dados a la vez por palabra: cinco dados de seis caras dan 65 = 7.776 combinaciones, una por cada palabra de la lista. Lees los cinco números en orden, buscas esa entrada, y ya tienes tu primera palabra. Repites tantas veces como palabras quieras.
La entropía por palabra es log₂(7.776) = 12,92 bits. La propia EFF sugiere seis palabras para la mayoría de usos, lo que da 6 × 12,92 = 77,5 bits, o 277 posibilidades. Existe también una lista corta de 1.296 palabras que se recorre con cuatro dados y aporta log₂(1.296) = 10,34 bits por palabra: palabras más cortas y fáciles de teclear, a cambio de algo menos de entropía por unidad.
Cuántas palabras necesitas
| Palabras (lista de 7.776) | Entropía | Equivale a (alfabeto de 88) | Para qué la usaría |
|---|---|---|---|
| 4 palabras | 51,7 bits | 8 caracteres | Insuficiente sola; solo con segundo factor |
| 5 palabras | 64,6 bits | 10 caracteres | Wi-Fi de casa, cuentas de poco valor |
| 6 palabras | 77,5 bits | 12 caracteres | Uso general; la recomendación de la EFF |
| 7 palabras | 90,5 bits | 14 caracteres | Contraseña maestra del gestor |
| 8 palabras | 103,4 bits | 16 caracteres | Cifrado de disco, copias de seguridad |
Compara la tabla con la anterior y verás algo interesante: seis palabras de diccionario, que ocupan unos treinta caracteres, valen lo mismo que doce caracteres aleatorios. La frase es más larga de teclear pero infinitamente más fácil de recordar, y ese intercambio es el que la hace útil para las tres o cuatro claves que de verdad tienes que memorizar.
Los errores que anulan una frase de paso
El método solo vale si el sorteo es de verdad un sorteo. Estos son los fallos que aparecen una y otra vez:
- Elegir las palabras «al azar» mentalmente. No existe el azar mental. Vas a elegir palabras frecuentes, relacionadas entre sí y con tu vida. La entropía se desploma.
- Descartar las combinaciones que no te gustan. Si tiras los dados y repites la tirada porque la palabra te parece fea, estás sesgando la muestra y perdiendo bits.
- Usar un verso, una cita o la letra de una canción. Cualquier texto publicado está en los corpus que usan los atacantes. Una frase famosa de treinta caracteres puede valer menos que una contraseña de ocho.
- Construir una frase con sentido. «El perro de mi vecino ladra mucho» es gramática, no azar. La gracia de diceware es justamente que salga algo sin sentido.
- Reutilizar la misma frase en varios sitios. Una frase de paso excelente reutilizada en diez servicios te deja expuesto a que la filtración del más descuidado de los diez te abra los otros nueve.
Sobre los adornos: separar las palabras con guiones, puntos o espacios está bien por comodidad de lectura, pero no añade entropía si el separador es siempre el mismo. Añadir un dígito al final suma log₂(10) = 3,3 bits. Añadir una palabra más suma 12,9. Si vas a hacer el esfuerzo, hazlo en la dirección que rinde.
Si no tienes dados a mano, puedes usar el generador de números aleatorios para sortear los índices de la lista, entendiendo que entonces confías en el generador del navegador en lugar de en un objeto físico. Para la mayoría de la gente es una diferencia teórica; para la contraseña maestra del gestor, los dados de verdad eliminan hasta esa duda.
Contra qué ataque protege cada medida
Aquí está el error de encuadre más frecuente: tratar «contraseña segura» como si fuera una defensa única contra una amenaza única. No lo es. Hay al menos seis ataques distintos contra credenciales, y una contraseña larguísima no hace nada contra tres de ellos.
Fuerza bruta contra el hash robado
El atacante ha conseguido la base de datos de un servicio y ahora prueba candidatos contra los hashes guardados, en su propio hardware y sin límite de intentos. Aquí la longitud y la aleatoriedad son exactamente lo que te salva, porque el coste del ataque crece con la entropía. Esta es la única de las seis amenazas en la que el tamaño de tu contraseña es la defensa principal.
Diccionario y reglas de mutación
Variante mucho más eficiente de la anterior. En vez de recorrer combinaciones, el atacante parte de listas de palabras y de contraseñas ya filtradas, y les aplica reglas de transformación. Aquí lo que te salva no es la longitud sino la ausencia de patrón: si tu contraseña se puede describir con una regla corta, caerá aunque tenga veinte caracteres. Tienes más detalle en el artículo sobre las contraseñas más comunes y los errores que debes evitar.
Credential stuffing
El atacante toma pares de correo y contraseña de una filtración anterior y los prueba automáticamente en cientos de servicios distintos. No rompe nada: simplemente entra donde el usuario repitió la clave. Contra esto la longitud es irrelevante. Lo único que funciona es la unicidad: una contraseña distinta por servicio. Es el motivo número uno para usar un gestor.
Password spraying
La operación inversa: el atacante toma una contraseña muy común y la prueba contra miles de cuentas de una organización, quedándose por debajo del umbral de bloqueo de cada cuenta. Te protege no usar contraseñas de las listas de bloqueo, y protege a la organización vigilar los intentos por origen y no solo por cuenta.
Phishing
Te llevan a una página que imita a la real y tecleas tú mismo la contraseña. Una clave de 128 bits se entrega igual de rápido que «1234». Aquí no te salva la contraseña en absoluto. Te salvan tres cosas: el gestor de contraseñas, que no autorrellena en un dominio que no coincide y por tanto actúa como detector de dominios falsos; las passkeys y las llaves de seguridad FIDO2, que están ligadas criptográficamente al dominio legítimo; y la costumbre de entrar a los sitios sensibles por marcador propio y nunca por un enlace recibido.
Ojo con un matiz que se pasa por alto: los códigos temporales de una app de autenticación sí pueden ser retransmitidos por una página de phishing que actúe de intermediaria en tiempo real. Protegen bastante más que nada, pero no son resistentes al phishing en sentido estricto. Una passkey o una llave física sí lo son.
Malware, keyloggers y ladrones de credenciales
Si el atacante ejecuta código en tu equipo, lee lo que tecleas y también las cookies de sesión de tu navegador, con lo que puede entrar sin contraseña y sin segundo factor. La contraseña no te defiende. Te defienden el sistema actualizado, no instalar software de procedencia dudosa, no ejecutar comandos que te dicte una web y revisar periódicamente las sesiones activas de tus cuentas importantes.
| Ataque | ¿Ayuda alargar? | ¿Ayuda no repetir? | ¿Ayuda el segundo factor? |
|---|---|---|---|
| Fuerza bruta offline | Decisivo | Limita el daño | Sí, si el servicio lo exige |
| Diccionario y reglas | Solo si es aleatoria | Limita el daño | Sí |
| Credential stuffing | No | Decisivo | Decisivo |
| Password spraying | Indirectamente | Sí | Decisivo |
| Phishing | No | Limita el daño | Solo passkey o llave física |
| Keylogger o robo de sesión | No | Limita el daño | Parcialmente |
La conclusión práctica de la tabla es que una contraseña larga y única te cubre la mitad izquierda del problema, y que la mitad derecha necesita un segundo factor. Por eso la recomendación completa siempre tiene dos piezas, y por eso merece la pena leer la guía de autenticación de dos factores además de esta.
Cuánto tarda en caer una contraseña, y por qué las tablas que circulan no valen
Has visto cien veces esa tabla de colores que dice que una contraseña de ocho caracteres cae «en 39 minutos» y una de doce «en 3.000 años». Esas tablas son inservibles tal como se publican, por una razón sencilla: no dicen contra qué. Un tiempo de crackeo es una división, y el divisor —la velocidad del ataque— cambia en nueve órdenes de magnitud según el algoritmo con el que el servicio guardó tu contraseña. Dos tablas que no declaran esa hipótesis pueden diferir por un factor de mil millones y ambas «tener razón».
El modelo que voy a usar, declarado
Lo que sigue son estimaciones, no medidas. Salen de aplicar la fórmula tiempo = 2H / velocidad, con tres escenarios cuyos supuestos escribo antes de dar ninguna cifra. Cambia el supuesto y cambian todos los números de la tabla.
- Escenario A — hash rápido, atacante bien equipado. El servicio guardó las contraseñas con una función de hash rápida y de propósito general, del tipo SHA-1 o SHA-256 sin derivación de clave. El atacante tiene la base de datos y un equipo de GPU dedicado. Supongo una velocidad del orden de 1012 intentos por segundo. Es una cifra asumida como orden de magnitud para el peor caso razonable, no una medición de ningún banco de pruebas concreto.
- Escenario B — hash lento y bien parametrizado. El servicio usó Argon2id con parámetros del orden de los que recomienda OWASP. Cada intento cuesta memoria y tiempo, de modo que el mismo hardware baja a un orden de 104 intentos por segundo. También es un orden de magnitud asumido.
- Escenario C — ataque en línea contra el formulario. El atacante no tiene la base de datos y prueba contra el propio servicio, que limita la frecuencia. Supongo 100 intentos por hora sostenidos, es decir unos 876.000 al año.
Un apunte de honestidad estadística: la fórmula 2H / velocidad da el tiempo para agotar todo el espacio. El tiempo esperado hasta acertar es la mitad. He dejado el agotamiento completo porque es la cifra que se suele publicar; divide por dos si prefieres la esperanza matemática.
| Contraseña | Entropía | A: 1012/s | B: 104/s | C: 100/hora |
|---|---|---|---|---|
| 8 car. aleatorios, alfabeto 88 | 52 bits | ~1,3 horas | ~14.000 años | fuera de alcance |
| 5 palabras con dados | 65 bits | ~1,2 años | fuera de alcance | fuera de alcance |
| 12 car. aleatorios / 6 palabras | 78 bits | ~9.600 años | fuera de alcance | fuera de alcance |
| 16 car. aleatorios / 8 palabras | 103 bits | ~3 × 1011 años | fuera de alcance | fuera de alcance |
Lee la tabla en horizontal y verás la lección de verdad. Una contraseña de 52 bits cae en poco más de una hora en el escenario A y aguanta milenios en el escenario B. Es la misma contraseña. Lo único que cambió fue cómo la guardó el servicio, algo sobre lo que tú no tienes ningún control ni ninguna información. Esa es la razón de fondo por la que la recomendación sensata es pasarse de largo con la longitud: no puedes saber si estás en A o en B, así que elige un número de bits que sobreviva al peor caso.
Y ahora la advertencia que hace inútiles a las tablas virales: todas ellas describen implícitamente el escenario A —o algo peor— y lo presentan como si fuera universal. Cuando una tabla te dice «3.000 años» sin decir contra qué hash ni a qué velocidad, la cifra no significa nada. Si vuelves a ver una, comprueba si declara el modelo de ataque. Si no lo declara, no la uses.
Un tiempo de crackeo sin modelo de ataque es un número decorativo. Antes de creerte una cifra, pregunta tres cosas: qué algoritmo de hash supone, cuántos intentos por segundo asume y si el ataque es en línea o contra una base de datos robada.
Hashing y salting: tu contraseña también depende del sitio
Para entender por qué el mismo secreto vale mucho o poco según dónde lo uses, hay que mirar qué hace el servicio con él cuando te registras.
Qué debería guardar un servicio
Un servicio bien construido no guarda tu contraseña. Guarda el resultado de pasarla por una función de derivación de clave, que es una operación de un solo sentido: del resultado no se puede volver atrás. Cuando entras, el servicio repite la operación con lo que has tecleado y compara los dos resultados. Si le roban la base de datos, el ladrón no se lleva contraseñas: se lleva huellas que tiene que adivinar una a una.
A esa huella se le añade una sal (salt): un valor aleatorio distinto para cada usuario que se guarda junto al hash. La sal no es secreta, y aun así resuelve dos problemas grandes. Primero, anula las tablas precalculadas, porque el atacante ya no puede reutilizar su trabajo entre usuarios ni entre servicios. Segundo, impide ver qué usuarios comparten la misma contraseña, porque dos personas con idéntica clave producen hashes distintos.
Algunos sistemas añaden además una pimienta (pepper): un secreto compartido que no se almacena junto a los hashes, sino en el código o en un módulo aparte. Si el atacante se lleva solo la base de datos y no el secreto, no puede ni empezar a probar candidatos.
Qué algoritmos recomienda OWASP
La guía de almacenamiento de contraseñas de OWASP ordena las opciones así: primera elección Argon2id, con un mínimo de 19 MiB de memoria, 2 iteraciones y grado de paralelismo 1. Si Argon2id no está disponible, scrypt con N = 217 (unos 128 MiB), r = 8 y p = 1. Para sistemas heredados, bcrypt con factor de trabajo 10 o superior. Y cuando hace falta cumplir FIPS-140, PBKDF2 con HMAC-SHA-256 y 600.000 iteraciones o más.
El motivo por el que MD5, SHA-1 o SHA-256 a secas no sirven para esto es justo el contrario del que se suele pensar: no es que sean débiles, es que son rápidos. Están diseñados para procesar gigabytes por segundo, y esa velocidad, que es una virtud para comprobar la integridad de un fichero, se convierte en el regalo perfecto para quien quiere probar billones de candidatos. Un algoritmo de derivación de clave hace exactamente lo opuesto: gasta memoria y tiempo a propósito para que cada intento duela.
Qué puedes hacer tú con esto
Poco y mucho a la vez. Poco, porque no puedes auditar cómo guarda tus credenciales cada tienda en la que compras una vez. Mucho, porque de ahí salen dos decisiones que sí están en tu mano. La primera, asumir siempre el peor caso y elegir longitudes que aguanten el escenario A. La segunda, y más importante: no repetir contraseñas. La unicidad convierte un desastre ajeno en un incidente acotado. Si la tienda del pueblo guarda tu contraseña en texto plano y se la roban, el daño termina en esa tienda.
No controlas cómo guarda tu contraseña el servicio al que se la das. Sí controlas que esa contraseña no abra ninguna otra puerta. De las dos variables, la segunda es la única tuya, y es la que más daño evita.
Gestores de contraseñas: el modelo de confianza
Nadie memoriza cien secretos de dieciséis caracteres. Un gestor de contraseñas resuelve la aritmética del problema: recuerdas uno solo, muy fuerte, y el programa se encarga de generar, guardar y rellenar todos los demás. El cambio que introduce no es solo de comodidad; es un cambio de modelo de riesgo, y conviene entenderlo antes de elegir.
Qué categorías hay
- Baúl local en fichero. El archivo cifrado vive en tu disco y solo tú lo tocas. Máximo control, cero dependencia de terceros, y toda la responsabilidad de las copias de seguridad y de la sincronización recae en ti.
- Servicio en la nube con cifrado de extremo a extremo. El baúl se cifra en tu dispositivo antes de salir, y el proveedor almacena algo que no puede leer. Sincroniza solo y funciona en todas partes; a cambio confías en que la implementación del cifrado sea la que dicen.
- Autoalojado. Tú levantas el servidor de sincronización. Combina la comodidad de la nube con el control del local, a cambio de mantenimiento.
- El gestor integrado en el navegador. Gratis, ya lo tienes y sincroniza. Suele estar atado al perfil del navegador, ofrece menos control sobre el cifrado y complica llevarte los datos a otro sitio.
- El llavero del sistema operativo. Bien integrado con el dispositivo y con la biometría, menos flexible fuera de su ecosistema.
Qué mirar antes de elegir
No te voy a dar una lista de productos con notas ni con precios, porque las tarifas y los planes cambian cada pocos meses y una tabla así envejece mal. Te doy el criterio, que dura más:
- Arquitectura de conocimiento cero. Que el proveedor no pueda descifrar tu baúl aunque quiera. Debe estar documentado, no solo anunciado.
- Auditorías independientes publicadas. Busca informes de terceros con fecha y alcance, no un sello genérico en la página de inicio.
- Exportación en formato abierto. Si no puedes sacar tus datos en un fichero que otro programa entienda, estás atrapado.
- Segundo factor sobre la propia cuenta del gestor. Y que admita llaves físicas, no solo SMS.
- Proceso de recuperación explicado. Entiende qué pasa exactamente si pierdes la contraseña maestra antes de meter ahí toda tu vida digital.
- Cobertura de plataformas. Que funcione en todos los dispositivos que usas, incluido el navegador que menos usas.
- Qué pasa si la empresa cierra. Un formato de baúl documentado o un proyecto de código abierto te dan una salida; un binario cerrado y propietario, no.
El organismo español INCIBE mantiene fichas de herramientas de este tipo dentro de su sección de contraseñas seguras, y es un punto de partida razonable si prefieres una fuente institucional antes que una comparativa comercial.
La contraseña maestra y las copias
La maestra merece el mejor secreto que puedas producir: una frase de paso de siete palabras sorteadas con dados, 90 bits, que no se parezca a nada tuyo. Escríbela a mano en un papel y guárdala donde guardas los documentos importantes de casa. Esto suena a herejía y no lo es: el atacante que te preocupa está a miles de kilómetros y automatiza ataques, no entra en tu cajón. El papel te protege del olvido, que es el modo de fallo más probable de todo este sistema.
Haz además una exportación cifrada del baúl de vez en cuando y guárdala fuera del ordenador principal. Y activa el acceso de emergencia si tu gestor lo ofrece, designando a alguien de confianza que pueda recuperar el baúl tras un plazo de espera.
La objeción de los huevos en la misma cesta
Es la pega que siempre sale, y tiene parte de razón: un gestor concentra el riesgo. Pero la comparación correcta no es «gestor contra nada»; es «gestor contra lo que haces ahora». Sin gestor, la alternativa realista es repetir tres o cuatro contraseñas en cincuenta sitios, lo que significa que cualquier filtración de cualquiera de esos cincuenta sitios te compromete todos los demás a la vez. El gestor cambia un riesgo concentrado, protegido por cifrado fuerte y un segundo factor, por un riesgo distribuido que se materializa con una frecuencia mucho mayor.
2FA y passkeys: la capa que no depende de tu memoria
La verificación en dos pasos añade algo que el atacante no puede robar de una base de datos. Pero los factores no valen todos lo mismo, y la diferencia importa.
Los factores, de peor a mejor
SMS. Mejor que nada y bastante mejor que nada, pero es el eslabón más frágil de la lista. El número se puede duplicar convenciendo a la operadora de que emita una SIM nueva, y el mensaje viaja por una red que no se diseñó pensando en esto. Úsalo si es lo único que ofrece el servicio; cámbialo en cuanto haya alternativa.
Códigos temporales de una app. El clásico código de seis cifras que cambia cada treinta segundos. El secreto vive en tu dispositivo y no viaja por la red telefónica, lo que elimina el problema del SMS. Guarda el código de configuración inicial, porque si pierdes el teléfono sin él te quedas fuera.
Notificación push de aprobación. Cómodo, pero vulnerable al cansancio: si te llegan quince avisos seguidos a las tres de la mañana, la probabilidad de que alguien pulse «aceptar» sin mirar no es cero. Prefiere las variantes que muestran un número que debes emparejar con la pantalla.
Llave de seguridad física FIDO2. Un dispositivo que conectas o acercas. Es el primero de la lista que resiste el phishing de verdad, porque el navegador solo entrega la respuesta criptográfica si el dominio coincide exactamente con aquel en el que se registró la llave. Una web imitadora no puede obtenerla, por convincente que sea.
Passkeys
Una passkey es una credencial basada en criptografía de clave pública que sustituye a la contraseña en lugar de acompañarla. Según la documentación de la FIDO Alliance, el dispositivo genera un par de claves: la privada se queda en tu equipo o en tu gestor de credenciales y se desbloquea como desbloqueas el móvil (huella, cara, PIN o patrón), y la pública se la queda el servicio.
Esa arquitectura tiene dos consecuencias muy concretas. La primera es que una filtración del servicio no expone nada reutilizable: lo que el atacante se lleva son claves públicas, que sirven para verificar firmas y no para producirlas. La segunda es que la credencial está atada al dominio, de modo que una página falsa no puede provocar una firma válida. Desaparecen de golpe el credential stuffing y el phishing de contraseñas.
Las passkeys se presentan en dos sabores: sincronizadas, que se replican cifradas entre tus dispositivos a través del proveedor que elijas y son las más cómodas; y ligadas a un dispositivo, que viven en una llave física y no salen de ahí, más estrictas y con más riesgo de pérdida. La adopción avanza pero es desigual, así que durante un tiempo seguirás manteniendo contraseñas en paralelo. Ahí está la trampa a evitar: si activas una passkey y dejas detrás una contraseña débil como método alternativo, tu seguridad sigue siendo la de la contraseña débil.
Códigos de recuperación
Cada vez que actives un segundo factor, el servicio te ofrecerá una lista de códigos de un solo uso. No los ignores ni los dejes en una captura de pantalla del móvil. Guárdalos en el gestor, o mejor impresos junto a la contraseña maestra. Son la diferencia entre perder el teléfono y perder la cuenta.
Filtraciones, cuentas compartidas y recuperación: los eslabones que se olvidan
Cómo saber si tu correo está en una filtración
El servicio de referencia es Have I Been Pwned, que permite buscar una dirección de correo contra su archivo de brechas publicadas y suscribirse para recibir aviso si aparece en una futura. Es gratuito.
Tiene además un apartado, Pwned Passwords, que comprueba si una contraseña concreta figura en el corpus de claves filtradas. Y lo hace sin que la contraseña salga de tu equipo, mediante una técnica de anonimato de conjunto: el navegador calcula el hash localmente y solo envía los cinco primeros caracteres de ese hash, recibiendo de vuelta todos los candidatos que empiezan igual para comparar en local. Muchos gestores de contraseñas integran esa comprobación directamente en su auditoría del baúl.
Si apareces en una filtración, el orden de actuación es este: cambia la contraseña de ese servicio; cambia la de todos los sitios donde hubieras usado la misma o una parecida; activa el segundo factor si no lo tenías; revisa la dirección de correo y el teléfono de recuperación de la cuenta, por si te los han cambiado; cierra todas las sesiones abiertas; y revisa las aplicaciones de terceros que tengan permiso sobre esa cuenta, que es el sitio donde un atacante deja una puerta trasera discreta.
Contraseñas en el trabajo y contraseñas compartidas
Compartir credenciales por chat o por correo deja el secreto escrito para siempre en un historial que nadie controla, que se sincroniza a varios dispositivos y que sobrevive a la persona que se marcha de la empresa. Si tienes que compartir un acceso, usa la función de compartición del gestor, que entrega el secreto sin dejar copia en el canal y permite revocarlo después.
En un equipo, la regla que evita más problemas es separar cuentas personales de cuentas de servicio. Cada persona entra con su usuario, y los accesos que de verdad tienen que ser compartidos viven en un baúl de equipo con permisos por grupo. Así, cuando alguien se va, revocas su acceso al baúl en lugar de tener que cambiar veinte contraseñas a toda prisa. Y nunca metas credenciales en el código fuente, en hojas de cálculo compartidas ni en documentos del disco común: acaban indexadas, copiadas y olvidadas.
Para las cuentas familiares de servicios de streaming y similares, asume desde el principio que esa contraseña la conoce mucha gente y que en algún momento se filtrará. Ponle una clave única, que no se parezca a ninguna otra tuya, y no uses en ella el correo que usas para el banco.
La recuperación de cuenta es el eslabón más débil
Puedes tener una contraseña de 128 bits y una llave física, y perder la cuenta igual si el proceso de «he olvidado mi contraseña» es flojo. Ese proceso es, de hecho, una segunda puerta de entrada con su propia cerradura, casi siempre peor.
Tres puntos concretos. El primero: tu cuenta de correo principal es la llave maestra de todo lo demás, porque casi todos los servicios restablecen contraseñas enviando un enlace ahí. Protégela con el factor más fuerte que tengas disponible y trátala como la cuenta más importante que posees. El segundo: las preguntas secretas son un método pésimo, porque la respuesta suele ser un dato público o adivinable, y por eso las guías técnicas actuales desaconsejan usarlas como autenticación; si un servicio te obliga, responde con una cadena aleatoria guardada en el gestor, no con la verdad. El tercero: revisa qué teléfono y qué correo de recuperación tienen configurados tus cuentas antiguas, porque un número que ya no es tuyo puede estar en manos de otra persona.
Guía práctica: monta tu sistema en una tarde
Todo lo anterior cabe en nueve pasos. No hace falta hacerlos de golpe, pero sí en este orden, porque cada uno se apoya en el anterior.
- Elige un gestor con los siete criterios de la sección anterior e instálalo en todos tus dispositivos. Sin esta pieza, el resto no se sostiene.
- Crea la contraseña maestra con dados. Siete palabras de la lista larga, 90 bits. Escríbela en papel y guárdala con los documentos importantes de casa.
- Blinda primero el correo principal. Contraseña nueva y única, segundo factor fuerte, códigos de recuperación guardados. Es la cuenta desde la que se recuperan todas las demás.
- Haz el inventario y ordénalo por daño. Correo, banco, administración electrónica, nube con tus documentos, redes sociales, trabajo, tiendas, foros. Empieza por arriba.
- Sustituye las contraseñas en ese orden, generando cada una nueva de 16 caracteres o más y dejando que el gestor la guarde. No intentes hacerlo todo en un día: veinte cuentas por sesión es un ritmo razonable.
- Activa el segundo factor en todo lo que esté en el tercio superior de tu lista, prefiriendo passkey o llave física sobre app, y app sobre SMS.
- Guarda los códigos de recuperación de cada servicio conforme los vayas activando. Es el paso que todo el mundo se salta y el que más disgustos da.
- Revisa tus direcciones en Have I Been Pwned y activa el aviso de futuras filtraciones. Pasa el auditor del gestor para localizar claves repetidas o filtradas.
- Pon una revisión en el calendario cada seis meses. Revisar no es rotar: es mirar el informe de salud del baúl, cerrar cuentas que ya no usas y comprobar los datos de recuperación. Solo cambias contraseñas si hay motivo.
Cómo usar el generador de GlobalTool, y qué hace exactamente
El generador de contraseñas de este sitio es una página estática con cuatro controles. Tiene un deslizador de longitud que va de 8 a 64 caracteres y arranca en 16, y cuatro casillas para activar o desactivar mayúsculas, minúsculas, dígitos y símbolos. El conjunto de símbolos que usa es !@#$%^&*()_+-=[]{}|;:,.<>?, veintiséis caracteres, de modo que con las cuatro casillas marcadas el alfabeto es de 88 símbolos: 6,46 bits por carácter, los números de la primera tabla.
Dos cosas que conviene saber. La primera: el sorteo lo hace crypto.getRandomValues, la fuente de aleatoriedad criptográfica del navegador, no la función de azar ordinaria. La segunda: todo ocurre en tu equipo. La página no envía la contraseña a ningún servidor, porque no hay servidor al que enviarla; es JavaScript ejecutándose en tu pestaña. Puedes comprobarlo desconectando la red y viendo que sigue funcionando.
La barra de color que aparece debajo del resultado es un indicador aproximado basado en la longitud y en si hay símbolos activados, no una medida de entropía. Para el número real, usa la tabla de este artículo: longitud por 6,46 con las cuatro casillas marcadas. Y una recomendación de uso: genera la contraseña con el gestor abierto y pégala directamente en el campo del servicio y en la ficha del baúl, sin pasar por un bloc de notas ni por el chat.
Si necesitas alias además de claves, el generador de nombres de usuario te evita repetir el mismo identificador en todas partes, lo que dificulta que alguien cruce tus cuentas. Y si te interesa el panorama completo de higiene digital, la guía de seguridad digital de 2026 cubre copias de seguridad, actualizaciones y privacidad en el navegador.
Los cinco errores que deshacen todo el trabajo
- Repetir la maestra en otro sitio. Si la contraseña del baúl aparece en una filtración de un foro, has anulado el gestor entero.
- Variar una misma contraseña por sitio. Clave-Amazon, Clave-Gmail, Clave-Banco no son tres contraseñas: son una con un sufijo, y es la primera regla que aplica cualquier atacante que vea una de ellas.
- Dejar el segundo factor solo en el móvil. Sin códigos de recuperación guardados, perder el teléfono es perder las cuentas.
- Olvidar las cuentas viejas. El foro de 2011 con tu contraseña de entonces sigue ahí, y su base de datos también. Ciérralas o cámbialas.
- Fiarse del aspecto. Que una contraseña parezca complicada no dice nada de cómo se generó, y lo que cuenta es cómo se generó.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos caracteres debe tener una contraseña segura en 2026?
Dieciséis caracteres aleatorios son la recomendación práctica: dan 103 bits con un alfabeto de 88 símbolos y sobran en cualquier escenario de ataque razonable. El mínimo que fija la guía NIST SP 800-63B es de 15 caracteres cuando la contraseña es el único factor, y de 8 cuando hay un segundo factor. Por debajo de 12 caracteres aleatorios no deberías bajar en ninguna cuenta que te importe.
¿Es mejor una contraseña aleatoria o una frase de paso?
Depende de si la tienes que recordar. Para las tres o cuatro claves que tecleas de memoria —la maestra del gestor, el cifrado del disco, el correo principal— usa una frase de paso de seis o siete palabras sorteadas con dados. Para todo lo demás, que lo guarda el gestor, una cadena aleatoria de 16 caracteres es más corta y funciona igual de bien. Con la misma entropía, ambas resisten lo mismo.
¿Hay que cambiar la contraseña cada tres meses?
No. La guía NIST SP 800-63B indica que no se debe obligar a cambiar contraseñas de forma periódica, y que solo se fuerce el cambio cuando haya indicios de compromiso. La rotación por calendario produce series predecibles del tipo Clave1, Clave2, Clave3, que son más fáciles de adivinar que la original. Cambia una contraseña cuando aparezca en una filtración, cuando la hayas compartido o cuando sospeches de un acceso no autorizado.
¿Sirve de algo cambiar «a» por «@» o «e» por «3»?
Prácticamente nada. Esas sustituciones llevan décadas incorporadas como reglas de transformación en las herramientas de crackeo, de modo que probar «P@ssw0rd» le cuesta al atacante lo mismo que probar «password». Suma más añadir cuatro caracteres aleatorios al final que sustituir letras por símbolos parecidos en toda la contraseña.
¿Es seguro guardar las contraseñas en el navegador?
Es mucho mejor que repetir la misma clave en todas partes, y para la mayoría de la gente supone una mejora inmediata. Sus límites son que el baúl suele quedar atado al perfil del navegador, que ofrece menos control sobre el cifrado y las opciones de recuperación, y que exportar los datos a otra herramienta resulta incómodo. Si eliges esta vía, protege la cuenta del navegador con un segundo factor fuerte, porque ahí está todo.
¿Qué pasa si olvido la contraseña maestra del gestor?
En un gestor con arquitectura de conocimiento cero, nadie puede recuperarla por ti: esa imposibilidad es justamente la propiedad que hace segura la arquitectura. Pierdes el baúl. Por eso conviene escribir la maestra a mano y guardarla con los documentos importantes de casa, activar el acceso de emergencia si tu gestor lo ofrece y conservar una exportación cifrada del baúl fuera del equipo principal.
¿Son seguras las contraseñas que genera una página web?
Depende de dos cosas comprobables. Primera, que el sorteo use la fuente de aleatoriedad criptográfica del navegador y no la función de azar ordinaria. Segunda, que la generación ocurra en tu equipo y la contraseña no viaje a ningún servidor. El generador de GlobalTool cumple ambas: usa crypto.getRandomValues y es una página estática sin backend, de modo que sigue funcionando con la red desconectada. Ante cualquier generador, desconfía si te pide datos o si la clave aparece tras una consulta al servidor.
¿Cómo sé si mi contraseña está en una filtración?
Busca tu dirección de correo en Have I Been Pwned y activa el aviso de futuras brechas. Para una contraseña concreta, su apartado Pwned Passwords la compara contra el corpus de claves filtradas sin que salga de tu equipo: el navegador calcula el hash en local y solo envía los cinco primeros caracteres, recibiendo de vuelta los candidatos que empiezan igual. La mayoría de gestores integran esa misma comprobación en su auditoría del baúl.
¿El segundo factor por SMS es suficiente?
Protege bastante más que no tener nada, y si es lo único que ofrece el servicio, actívalo. Pero es el factor más frágil: el número se puede duplicar convenciendo a la operadora de emitir una SIM nueva, y el mensaje viaja por una red que no se diseñó para esto. Cuando el servicio permita una app de códigos temporales, una passkey o una llave física, cambia a esa opción y retira el SMS.
¿Las passkeys sustituyen a las contraseñas?
Esa es la idea, y donde están disponibles conviene usarlas. Sustituyen el secreto compartido por un par de claves: la privada no sale de tu dispositivo o de tu gestor de credenciales, y el servicio guarda solo la pública. Una filtración no expone nada reutilizable y una página falsa no puede provocar una firma válida, porque la credencial está atada al dominio. La adopción todavía es desigual, así que durante un tiempo mantendrás contraseñas en paralelo: cuida que la contraseña alternativa siga siendo fuerte, o tu seguridad será la de esa contraseña.
¿Puedo apuntar las contraseñas en papel?
Para la contraseña maestra del gestor y los códigos de recuperación, sí, y es buena idea. El atacante que realiza ataques automatizados está lejos y no entra en tu casa; el riesgo real que corres es olvidarte. Guarda el papel donde guardas los documentos importantes. Lo que no tiene sentido es llevar un cuaderno con cien contraseñas encima o pegar notas en el monitor de la oficina: eso sí cambia el modelo de amenaza.
¿Cuánto tarda un atacante en romper mi contraseña?
No se puede responder sin decir contra qué. El tiempo es 2 elevado a los bits de entropía dividido entre los intentos por segundo, y esa velocidad cambia en varios órdenes de magnitud según si el servicio guardó la clave con una función de hash rápida o con una función de derivación lenta como Argon2id, y según si el ataque es contra una base de datos robada o contra un formulario con límite de intentos. Una contraseña de 52 bits puede caer en horas en el primer caso y aguantar milenios en el segundo. Las tablas de colores que circulan sin declarar esos supuestos no significan nada.
Resumen rápido
Genera 16 caracteres aleatorios con el generador de GlobalTool (103 bits) para todo lo que guarde el gestor, y una frase de paso de siete palabras con dados (90 bits) para la maestra. Una contraseña distinta por servicio. Segundo factor en todo lo importante, con passkey o llave física donde se pueda. Blinda primero el correo principal, porque desde ahí se recuperan las demás. Guarda los códigos de recuperación. Y no rotes por calendario: cambia cuando haya un motivo.
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Los cálculos de entropía de esta página son aritmética exacta y puedes rehacerlos. Los tiempos de descifrado son estimaciones derivadas de los supuestos de velocidad y de algoritmo de hash que se declaran junto a cada tabla: si cambias el supuesto, cambian las cifras. GlobalTool no realiza auditorías de seguridad ni pruebas propias de productos. Para el diseño de autenticación de un sistema en producción, consulta las guías de referencia enlazadas y a un profesional.