
Crea gráficos, logos, ilustraciones, interfaces y material visual sin pagar una suscripción de software. Estas 15 herramientas cubren las tareas de diseño más habituales, y más abajo te explico cuál toca según el encargo.
Diseñar con criterio ya no depende de tener una licencia de pago. Con las herramientas de esta página cubres logos y piezas de marca, presentaciones, interfaces de app y web, retoque de fotografía con capas, ilustración vectorial, iconos, tipografías y paletas de color. Ninguna te pide tarjeta para empezar, y varias son software libre sin ningún tope.
La forma más rápida de sacar una pieza decente sin saber diseñar: miles de plantillas para redes, presentaciones, flyers y documentos, con todo resuelto por arrastrar y soltar. Tiene plan gratuito amplio; el plan de pago es de suscripción mensual o anual y añade la biblioteca premium, el kit de marca y el redimensionado automático. Antes de registrar como marca un logo hecho con sus plantillas, revisa las condiciones de licencia en su web: hay límites que casi nadie lee.
El estándar de facto para diseñar interfaces de web y de app. Funciona en el navegador, dos personas pueden editar el mismo archivo a la vez y el prototipado interactivo va incluido. El plan gratuito tiene tope de archivos colaborativos y un historial de versiones corto: comprueba los límites vigentes en su web, porque los cambian con cierta frecuencia. Para entregar a desarrollo es la que menos fricción genera.
La puerta de entrada gratuita al ecosistema de Adobe. Sirve para posts, vídeos cortos, flyers y páginas sencillas a partir de plantillas, y se lleva bien con Adobe Fonts. El plan gratuito incluye las herramientas básicas y una cantidad limitada de créditos de IA generativa; para quitar ese tope hay suscripción. Si ya trabajas con archivos de Adobe, el trasvase es más cómodo que en cualquier alternativa.
La alternativa de código abierto a Figma, desarrollada por Kaleidos. Diseño de interfaz, componentes reutilizables, prototipado y colaboración en tiempo real, y puedes autoalojarla en tu propio servidor si no quieres depender de un servicio ajeno. Trabaja con estándares abiertos (SVG, HTML, CSS, JSON), lo que facilita mucho el paso del diseño al código.
Editor de imagen por capas, software libre bajo licencia GPL y sin ningún tope de uso. Retoque, máscaras, selecciones, filtros, scripts y una comunidad de extensiones enorme. La versión 3.x ha modernizado la interfaz y el manejo de color. La curva de aprendizaje es la más empinada de esta lista, pero es la herramienta que no se te caduca nunca.
Un editor de capas dentro del navegador, con una interfaz y unos atajos calcados de Photoshop. Abre y guarda PSD, y además lee AI, PDF, SVG, XD y archivos RAW de cámara. Procesa en tu propio equipo, así que no subes la imagen a ningún servidor. Se sostiene con publicidad; hay suscripción opcional para quitarla y ampliar el historial.
Recorta el fondo de una foto automáticamente y acierta con el pelo y los bordes finos, que es donde se atasca el recorte manual. La vista previa es gratuita en resolución reducida; para descargar en alta resolución hacen falta créditos o suscripción. Útil para fichas de producto y fotos de equipo; con fondos de bajo contraste conviene repasar la máscara a mano.
Banco de fotografía en alta resolución con licencia propia que permite uso comercial y no exige atribución (aunque se agradece). Ojo con dos cosas que la licencia no cubre: personas identificables sin autorización de imagen y marcas o logotipos que aparezcan en la foto. Y ten presente que las imágenes más populares salen en miles de webs, así que no te dan ninguna identidad visual.
Fotografía y también vídeo de stock con licencia libre para uso comercial y sin atribución obligatoria. El catálogo de vídeo lo hace útil para fondos de cabecera y para relleno de montajes. Las mismas cautelas que con cualquier banco: caras reconocibles, marcas visibles y obras protegidas que aparezcan en el encuadre siguen siendo tu responsabilidad.
Genera combinaciones de color pulsando la barra espaciadora, extrae paletas de una fotografía y exporta en HEX, RGB, HSL, CSS o SVG. Trae comprobador de contraste y simulador de daltonismo, que es lo que de verdad te salva de publicar un botón ilegible. Uso gratuito con publicidad; el plan de pago es de suscripción y quita los anuncios. Si prefieres no salir de aquí, tienes nuestro generador de paletas de colores.
Más de mil familias tipográficas con licencia libre, casi todas bajo SIL Open Font License, listas para web, app e impresión, y también para uso comercial. Puedes servirlas desde su CDN o descargarlas y alojarlas tú, que es lo recomendable si te preocupa la privacidad de tus visitantes. Su hermano Material Symbols cubre la iconografía.
La biblioteca de iconos con más rodaje en la web. El paquete gratuito es amplio y se usa como SVG, como fuente de iconos o como componente de React y Vue; el paquete Pro, con más estilos y variantes, va por suscripción. Se monta por CDN en una línea, aunque para rendimiento suele convenir descargar solo los iconos que uses.
Set de iconos de trazo, coherente y muy limpio, publicado bajo licencia ISC. En el momento de escribir esto su buscador declara más de 1.800 iconos, y crece con cada versión. Hay paquetes oficiales para React, Vue, Svelte, Angular y Flutter, además de la descarga suelta en SVG. Si tu interfaz tira de trazo fino, es la opción que mejor se integra.
Iconos SVG de código abierto creados por el equipo que hay detrás de Tailwind CSS, en variantes de contorno, relleno y tamaño reducido. Están pensados para interfaz, no para ilustración: pocos detalles, buen comportamiento en pantallas pequeñas y coherencia total entre ellos. Se instalan como paquete de React o Vue, o se copian de uno en uno.
Ilustraciones editables por estilos: cambias colores, ocultas capas, animas y descargas en SVG o PNG. Es un proyecto de Freepik Company, y el uso gratuito va condicionado a la atribución que marque su licencia, así que compruébala en su web antes de publicar en un cliente. Para landings y onboarding resuelve mucho con poco esfuerzo.
Respuesta directa: no hay una herramienta de diseño que sirva para todo, y buscarla es el error que más tiempo cuesta. Elige por trabajo: Figma o Penpot para interfaces y prototipos, Canva o Adobe Express para piezas de marca y redes, GIMP o Photopea para edición de imagen por capas, Inkscape para logos y vector, Krita para ilustración y pintura digital, Blender para 3D y Kdenlive o DaVinci Resolve para vídeo. Todas tienen plan gratuito y cuatro de ellas son software libre sin ningún tope. Con esa combinación cubres los encargos habituales de un autónomo o un equipo pequeño sin pagar una sola suscripción.
La pregunta «¿cuál es la mejor herramienta de diseño?» no tiene respuesta porque el diseño no es una disciplina, son ocho o nueve oficios distintos que comparten nombre. Un editor de imagen por capas no sabe hacer prototipos navegables. Un editor vectorial no sirve para retocar una fotografía. Y una herramienta de plantillas te saca del apuro en quince minutos pero te deja sin control fino cuando el cliente pide algo que no está previsto. Antes de descargar nada, define qué tipo de archivo tienes que entregar y a quién.
Aquí trabajas con rejillas, componentes reutilizables, estados (normal, pulsado, deshabilitado, con error) y medidas en píxeles que alguien va a traducir a código. Necesitas una herramienta vectorial orientada a pantalla, con biblioteca de componentes, variables de color y tipografía, y capacidad de prototipar el recorrido para que se pueda probar antes de programarlo. Figma y Penpot son las dos opciones sensatas hoy. La diferencia práctica: Figma tiene más plugins y más gente que ya sabe usarlo; Penpot te deja llevarte el servidor a casa y no depende de la política de precios de nadie.
Lo que no debes hacer es diseñar una app en un editor de imagen. Si entregas un PNG de 1.400 píxeles de ancho, el desarrollador tiene que adivinar márgenes, tamaños de fuente y comportamiento en móvil. Ese trabajo de adivinación termina siempre en una web que no se parece al diseño.
Logotipos, papelería, cartelería, packaging. El requisito es vectorial y escalable: el logo tiene que verse bien en un favicon de 32 píxeles y en una lona de seis metros, y eso solo lo consigue un trazo definido matemáticamente, no una imagen de mapa de bits. Inkscape es software libre, trabaja en SVG nativo y cubre todo lo que necesita un logo: trazados, operaciones booleanas, texto convertido a curvas, trazado de mapas de bits. Canva también hace logos, pero no te da el mismo control sobre nodos y curvas, y su licencia tiene condiciones propias que conviene leer si el logo va a ser una marca registrada.
Capas, máscaras, ajustes de curvas y niveles, clonado, corrección de perspectiva. GIMP en escritorio y Photopea en navegador cubren esto sin coste. Para revelado de RAW en serie hay herramientas específicas de fotografía que trabajan de forma no destructiva, un enfoque distinto al de un editor de capas: ahí el archivo original no se toca nunca y lo que guardas son instrucciones de revelado.
Krita es software libre pensado por y para ilustradores: gestión de pinceles muy superior a la de un editor de fotos, estabilizadores de trazo, simetrías, animación cuadro a cuadro y soporte serio de tableta con sensibilidad a la presión. Si dibujas, no uses GIMP: son herramientas con prioridades distintas aunque las dos manejen píxeles.
Un prototipo no es una maqueta bonita, es una hipótesis que se puede romper delante de un usuario. Figma y Penpot incluyen prototipado con transiciones y superposiciones, suficiente para probar un flujo de registro o un carrito. Para validar textos, jerarquía y orden de lectura, un boceto en papel fotografiado funciona mejor que una pantalla acabada: la gente critica con más libertad algo que parece provisional.
Blender es el caso más llamativo del software libre: modelado, escultura, texturizado, animación, simulación y render con Cycles y EEVEE, más un módulo de composición y edición de secuencias. Para vídeo puro, Kdenlive es libre y suficiente para montaje, subtítulos y corrección básica; DaVinci Resolve tiene una versión gratuita muy completa para montaje, etalonaje y audio, con una versión Studio de pago que añade funciones avanzadas. Ninguno de los tres es ligero: aquí el cuello de botella es tu equipo, no el precio.
Para un catálogo, un libro o una revista necesitas paginación, estilos de párrafo, hilos de texto entre páginas y salida a imprenta con perfiles de color. Scribus es la opción libre; no es cómoda, pero genera PDF de imprenta con separación de tintas, algo que una herramienta de plantillas no hace. Si tu «catálogo» son doce páginas para ver en pantalla, Canva te sirve y te ahorra tres tardes.
Esta tabla no ordena por calidad ni pone notas, porque una nota sobre software depende de para qué lo uses. Ordena por tarea, que es lo que de verdad te ayuda a decidir.
| Categoría | Para qué sirve | ¿Tiene plan gratuito? | Dónde corre |
|---|---|---|---|
| Diseño de interfaz (Figma, Penpot) | Pantallas de web y app, componentes, prototipos navegables, entrega a desarrollo | Sí (Figma con límites; Penpot es libre y sin tope) | Navegador; app de escritorio; Penpot también autoalojado |
| Plantillas y piezas de marca (Canva, Adobe Express) | Redes sociales, presentaciones, flyers, documentos rápidos | Sí, con biblioteca y funciones reducidas | Navegador y móvil |
| Edición de imagen por capas (GIMP, Photopea) | Retoque, máscaras, montajes, corrección de color | Sí (GIMP es libre; Photopea gratis con publicidad) | GIMP en escritorio; Photopea en navegador |
| Ilustración vectorial (Inkscape) | Logos, iconos, cartelería, cualquier arte que deba escalar sin perder nitidez | Sí, software libre sin tope | Escritorio (Windows, macOS, Linux) |
| Pintura digital (Krita) | Ilustración a mano con tableta, cómic, concept art, animación 2D | Sí, software libre sin tope | Escritorio y tableta |
| 3D (Blender) | Modelado, animación, render de producto, visualización | Sí, software libre sin tope | Escritorio con GPU recomendada |
| Vídeo y motion (Kdenlive, DaVinci Resolve) | Montaje, subtítulos, etalonaje, grafismo animado | Sí (Kdenlive libre; Resolve con versión gratuita) | Escritorio |
| Maquetación editorial (Scribus) | Catálogos, libros, revistas, PDF para imprenta | Sí, software libre sin tope | Escritorio |
| Tipografías (Google Fonts, Fontshare) | Familias con licencia clara para web e impresión | Sí, licencias libres de uso comercial | Navegador y descarga local |
| Iconos (Lucide, Heroicons, Font Awesome, Tabler) | Iconografía coherente de interfaz | Sí (Font Awesome con paquete Pro aparte) | SVG, CDN o paquetes npm |
| Color y contraste (Coolors, Adobe Color, WebAIM) | Paletas, armonías y comprobación de accesibilidad | Sí | Navegador |
| Imagen de stock (Unsplash, Pexels) | Fotografía y vídeo con licencia de uso comercial | Sí, con condiciones propias de cada banco | Navegador e integraciones |
Hay dos tipos de «gratis» que no tienen nada que ver y que la gente mezcla. El software libre (GIMP, Inkscape, Krita, Blender, Scribus, Penpot, Kdenlive) es gratuito porque su licencia lo permite: no hay versión completa escondida detrás de un muro, no hay marca de agua y no te pueden subir el precio el año que viene. El modelo freemium (Canva, Figma, Photopea, Coolors, Remove.bg) es un plan de entrada de una herramienta comercial: funciona, pero está dimensionado para que llegues a un límite.
Los límites reales del freemium suelen estar en sitios muy concretos, y conviene conocerlos antes de montar un proyecto encima:
Mi criterio: paga suscripción solo por lo que te da dinero de forma directa y medible. Si facturas diseño de interfaz, el historial de versiones y las bibliotecas compartidas se pagan solos. Si haces tres posts al mes para tu propio negocio, el plan gratuito te sobra y esa suscripción es un gasto recurrente a cambio de comodidad.
Una herramienta de pago no te hace mejor diseñador. Te hace más rápido en las tareas que ya sabes hacer. Si todavía no sabes hacerlas, la suscripción solo acelera la producción de piezas mediocres.
El problema no es una suscripción, son cinco. Editor de imagen, banco de imágenes, tipografías, iconos y almacenamiento en la nube: cada una parece pequeña y juntas se convierten en un gasto fijo mensual que no baja nunca y que tienes que cubrir todos los meses antes de ganar un euro. Y hay un riesgo peor que el dinero: si cancelas, algunos servicios dejan tus archivos en modo de solo lectura. Un proyecto que no puedes editar sin pagar no es tuyo del todo. Antes de meter el trabajo de un cliente en una herramienta, comprueba que puedes exportarlo en un formato abierto y que sabrás abrirlo dentro de dos años.
Las herramientas en navegador han dejado de ser un juguete. Figma, Penpot, Photopea, Canva y Coolors funcionan igual en Windows, en macOS y en Linux, no te obligan a actualizar nada y permiten abrir un archivo desde un ordenador prestado. El precio que pagas es la dependencia de la conexión, el rendimiento cuando el documento crece y una realidad incómoda: tus archivos están en el servidor de otra persona.
El escritorio gana en tres escenarios concretos. Con archivos muy grandes (una imagen de varios cientos de megapíxeles, una escena 3D, un proyecto de vídeo en 4K), porque usa tu RAM y tu GPU sin intermediarios. Cuando trabajas con material confidencial y no quieres que salga de tu equipo. Y cuando necesitas periféricos, sobre todo tabletas gráficas con presión y inclinación, que en navegador van con más latencia.
Un detalle que decide muchas discusiones: Photopea procesa la imagen en tu propio navegador, no la sube a ningún servidor. Eso lo convierte en una opción razonable incluso para material que no quieres que viaje, algo que no puedes decir de cualquier editor online.
Para diseño de interfaz, diseño gráfico vectorial y edición de imagen a tamaños normales, cualquier portátil de los últimos años con 8 GB de RAM va sobrado, y con 16 GB vas cómodo con veinte pestañas abiertas. Lo que más notas no es el procesador: es el disco SSD y la pantalla. Una pantalla mala te hace corregir colores que estaban bien.
Donde el hardware sí manda es en 3D y vídeo. Ahí una GPU dedicada cambia el tiempo de render de horas a minutos, 16 GB de RAM es el suelo razonable y el almacenamiento se llena rápido. Si te dedicas a esto, invierte en equipo antes que en software: el software libre de 3D y vídeo es excelente y gratis, así que el presupuesto entero puede ir a la máquina.
Sobre calibración de pantalla: si solo entregas para pantalla, el perfil de fábrica te vale. Si entregas para imprenta, o trabajas de memoria y luego te llega la prueba de color con una sorpresa, o calibras. No hay término medio útil.
La mitad de los problemas de entrega no son de diseño, son de formato. Entregar el archivo equivocado hace que el trabajo se vea peor de lo que es, o que directamente no se pueda usar.
| Formato | Qué es | Cuándo entregarlo | Cuidado con |
|---|---|---|---|
| SVG | Vector en texto XML, escalable sin pérdida | Logos, iconos e ilustración plana para web | Fuentes sin convertir a curvas y capas basura del editor |
| PNG | Mapa de bits sin pérdida, con transparencia | Capturas, gráficos con texto, piezas con fondo transparente | Pesa mucho en fotografía; ahí no es el formato adecuado |
| JPG | Mapa de bits con compresión con pérdida | Fotografía para web y correo | No tiene transparencia y se degrada en cada guardado |
| WebP y AVIF | Formatos modernos para web, con y sin pérdida | Imágenes de una web donde el peso importa | Algún software antiguo no los abre; guarda el original |
| Documento con vector, mapa de bits y tipografía embebida | Imprenta, presupuestos, entregables que no deben moverse | Para imprenta: fuentes embebidas, sangrado y perfil de color | |
| PSD | Archivo de capas de Photoshop, formato de intercambio de hecho | Cuando el cliente pide «el editable» de una imagen | Efectos y capas de ajuste pueden variar entre programas |
| TIFF | Mapa de bits sin pérdida de alta calidad | Archivo maestro y originales para imprenta | Pesa mucho; no es formato de entrega para pantalla |
| WOFF2 | Tipografía comprimida para web | Cuando alojas tú las fuentes de una web | Necesitas licencia de uso web de esa tipografía |
Dos reglas que ahorran discusiones. La primera: guarda siempre el original editable aparte del entregable. El JPG que mandaste por correo no es tu copia de seguridad. La segunda: el logo se entrega en SVG y en PNG con fondo transparente, en varios tamaños, y con las tipografías convertidas a curvas. Si entregas un SVG que depende de una fuente que el cliente no tiene, se le verá con otra letra.
Para las conversiones y ajustes rutinarios no hace falta abrir un editor: tienes aquí mismo un conversor de imágenes, un compresor, un redimensionador y un recortador, además de un convertidor de PNG a JPG.
La pantalla mezcla luz y trabaja en RGB; la imprenta mezcla tintas y trabaja en CMYK. Hay colores que existen en uno y no en el otro, y los que peor viajan son los saturados eléctricos: ese azul vibrante de la pantalla sale apagado en papel. Si el trabajo va a imprenta, monta el documento en CMYK desde el principio y habla con el impresor antes de cerrar la paleta. Convertir al final, con el diseño terminado, es cuando aparecen las sorpresas.
Esta es la parte aburrida y la única que te puede costar dinero de verdad. Usar una imagen o una tipografía sin licencia comercial es una infracción de derechos de autor, y quien responde suele ser quien publica, no quien diseñó. Los titulares de catálogos de imagen tienen sistemas de rastreo automático y envían reclamaciones de pago por el uso: no es una posibilidad teórica.
Con las tipografías el descuido es aún más común, porque una fuente se instala en dos clics y parece que ya es tuya. No lo es. Hay cuatro usos que se licencian por separado y que casi nunca vienen todos incluidos:
Las fuentes «gratis» de los sitios recopilatorios son el terreno más resbaladizo: muchas son gratuitas solo para uso personal, y ese matiz está en una línea que nadie lee. Si vas a facturar el trabajo, quédate en repositorios con licencia clara: Google Fonts (mayoritariamente SIL Open Font License), Fontshare y Fontsource para autoalojarlas. Guarda una captura o el PDF de la licencia el día que la descargas: las condiciones cambian y tú tienes que poder demostrar con qué permiso publicaste.
Cobrar 300 euros por un logo y recibir después una reclamación por la tipografía no es mala suerte. Es no haber dedicado cinco minutos a leer un archivo de licencia que venía dentro del ZIP.
Con las imágenes de stock, el punto ciego no es la licencia del banco, que suele ser generosa, sino lo que aparece dentro de la foto. Una persona identificable necesita autorización de imagen para usos comerciales. Un logotipo o un edificio protegido en el encuadre puede dar problemas. Y una obra de arte o un cartel al fondo mantienen sus propios derechos. Los bancos serios advierten de esto en su licencia; la responsabilidad de mirarlo es tuya.
Sobre imágenes generadas con IA: antes de meterlas en un trabajo de cliente, mira las condiciones de la herramienta que uses, porque cambian con frecuencia y determinan si puedes explotarlas comercialmente y con qué límites. Y en España, para material que se publica, conviene dejar por escrito en el presupuesto qué se ha generado así.
Un diseño que no se lee no está terminado. El estándar de referencia es WCAG 2.2, y sus umbrales de contraste son concretos: 4,5:1 para texto normal y 3:1 para texto grande (desde 18 puntos, o 14 en negrita) en el nivel AA; 7:1 y 4,5:1 en el nivel AAA. Los elementos de interfaz no textuales, como el borde de un campo de formulario, piden 3:1. En España el Real Decreto 1112/2018 obliga a cumplir accesibilidad en los sitios del sector público, y la accesibilidad de productos y servicios digitales privados también está regulada, así que esto ha dejado de ser una recomendación de buen gusto.
Los fallos que se repiten son siempre los mismos: texto gris claro sobre blanco porque «queda elegante», texto blanco encima de una foto sin capa de protección, y el color como única forma de transmitir información. Ese último es el más grave: si el error de un formulario solo se marca en rojo, quien no distingue el rojo no se entera de nada. Añade siempre un icono o un texto.
Para comprobarlo, el verificador de contraste de WebAIM te da la ratio exacta y si pasa AA y AAA; WhoCanUse simula distintos tipos de visión sobre tu combinación concreta. Para construir la paleta, Adobe Color y Coolors van sobrados, y tienes aquí nuestro generador de paletas. Si te lías con los sistemas de notación, en el blog tenemos cómo pasar entre HEX, RGB y HSL y una guía de combinaciones de color que funcionan.
Tres colores bastan para casi todo: uno de marca, uno de acento para las acciones y una escala de grises para texto y fondos. A partir de ahí, define cada color como una escala de cinco o seis tonos (del más claro al más oscuro) en lugar de inventar un valor nuevo cada vez que necesitas un fondo. Y reserva el acento para lo que quieres que se pulse: si todo destaca, nada destaca. Ese es el error que convierte una interfaz en un árbol de Navidad.
Se puede cubrir un ciclo profesional entero con herramientas gratuitas, siempre que aceptes una condición: elige una por tarea y quédate con ella. La gente que se queja de que «lo gratis no funciona» casi siempre tiene ocho herramientas a medio aprender.
Ese paso seis parece burocracia y es lo que te salva cuando el cliente vuelve dieciocho meses después pidiendo «lo mismo pero en otro tamaño». Sin el registro de fuentes e imágenes, rehacer la pieza cuesta más que haberla diseñado.
Un flujo de trabajo no es una lista de programas. Es el orden en que tomas las decisiones. Cambiar de herramienta no arregla un orden equivocado.
En cuanto pasas de dos proyectos, necesitas que los botones, los espacios y los colores se definan una vez y se reutilicen. Figma y Penpot lo resuelven con componentes y variables. Para los archivos, cualquier sistema sirve mientras sea uno solo y esté escrito: una estructura de carpetas fija («01-fuentes», «02-imagenes», «03-editables», «04-entregables»), nombres sin acentos ni espacios y una convención de versiones. Si trabajas con desarrollo, los assets deberían vivir en el repositorio de código, no en un chat.
Los archivos de diseño son binarios grandes y no se comparan línea a línea como el código, así que un sistema de versiones clásico no te da lo que esperas. Dos formas prácticas de trabajar: las herramientas en navegador guardan historial en la nube, y ahí lo importante es marcar hitos con nombre («entrega cliente v2») en lugar de fiarte del guardado automático; para el escritorio, una convención de nombres estricta y una carpeta de archivo cerrada donde nadie toca lo ya entregado. Penpot, además, guarda en formatos abiertos, lo que te permite versionar el contenido con más sentido.
Después de mirar muchas piezas de gente que arranca, los tropiezos se repiten con una regularidad casi cómica:
Si empiezas hoy y quieres avanzar rápido, olvídate de los tutoriales de efectos. El orden que funciona es este: tipografía (tamaños, interlineado, medida de línea), rejilla y alineación, jerarquía visual, teoría de color básica y contraste, formatos y exportación, y solo entonces una herramienta concreta a fondo. Los cuatro primeros no caducan y sirven en cualquier programa; la herramienta cambiará tres veces en tu carrera.
Un ejercicio que enseña más que veinte tutoriales: coge una pieza que te guste, reprodúcela lo más fielmente que puedas y luego compara. Cada diferencia que encuentres es una decisión de diseño que no habías visto. Y una advertencia: si buscas material de aprendizaje, en el blog tenemos guías prácticas, y la documentación oficial de cada herramienta libre es mejor de lo que la gente supone.
Depende del trabajo, y quien te dé una sola respuesta no ha entendido la pregunta. Para interfaces de web y app, Figma o Penpot. Para piezas de marca y redes sin saber diseñar, Canva. Para editar fotografía con capas, GIMP en escritorio o Photopea en navegador. Para logos y vector, Inkscape. Para ilustración a mano, Krita. Para 3D, Blender. Si tuviera que quedarme con una sola por versatilidad para alguien que empieza, Canva para salir del apuro y Figma para aprender a diseñar de verdad.
Sí, y se hace todos los días. El software libre cubre edición de imagen, vector, ilustración, 3D, vídeo y maquetación con calidad de salida suficiente para trabajo facturado. Las dos limitaciones reales no son de calidad: una es la compatibilidad de archivos cuando el cliente o el estudio con el que colaboras trabaja en formatos propietarios, y otra es tu propia velocidad si ya tienes años de rodaje en otra herramienta. Para trabajar solo o en un equipo pequeño, no hay ningún impedimento técnico.
Una vectorial, sin excepción: Inkscape si quieres control total y gratuito, o Penpot si ya estás dentro de él. El logo tiene que escalar desde un favicon hasta una fachada sin pixelarse, y eso solo lo hace el vector. Entrega SVG, PDF y PNG con fondo transparente en varios tamaños, con el texto convertido a curvas y una versión en una sola tinta para casos difíciles. Evita hacer el logo definitivo en un editor de mapa de bits o en una herramienta de plantillas: funcionará en la web y fallará el día que haya que rotularlo.
Para piezas de comunicación (posts, presentaciones, documentos) sí, y mucha gente factura con ella. Los dos puntos que tienes que comprobar en sus propias condiciones de licencia son el uso de los elementos de su biblioteca y, sobre todo, el registro de marca de un logotipo hecho con sus plantillas, porque ahí hay restricciones expresas. Consúltalo en su web antes de comprometerte con un cliente: es una cuestión de licencia, no de calidad de la herramienta.
Se le parece mucho en interfaz y atajos, abre y guarda PSD, y para retoque, montaje y ajustes cubre casi todo lo que hace la mayoría de la gente. Lo que no tiene es la integración con el resto del ecosistema de Adobe, algunas funciones avanzadas de última generación y el rendimiento de una aplicación nativa con archivos enormes. Como ventaja propia: procesa en tu navegador, no sube la imagen a un servidor y no te pide instalar nada.
Resuelven problemas distintos. Canva parte de plantillas y te lleva de la mano hasta una pieza acabada: rapidez a cambio de control. Figma es un editor vectorial de precisión para diseñar pantallas, con componentes, variables, prototipado y entrega a desarrollo: control a cambio de tiempo de aprendizaje. Si diseñas una app, Figma. Si necesitas cincuenta posts al mes con un aire coherente, Canva. Usarlas a la vez es lo más común, cada una para lo suyo.
Las licencias de ambos bancos permiten uso comercial sin atribución obligatoria, pero eso cubre la fotografía, no lo que aparece dentro. Si hay una persona identificable necesitas su autorización de imagen para publicidad; si hay logotipos, obras de arte o diseños protegidos en el encuadre, esos derechos siguen siendo de sus titulares. Lee la licencia vigente en la web del banco el día que descargues y guarda copia. Y recuerda que ni el banco ni tú podéis revender la foto tal cual.
Porque «gratis para descargar» y «gratis para uso comercial» no son lo mismo, y muchos recopilatorios mezclan las dos cosas. Si usas una fuente de uso personal en el logo de un cliente, la infracción es real y quien reclama va contra quien publica. Quédate en repositorios con licencia explícita (Google Fonts, Fontshare, Fontsource), comprueba que la licencia cubre el uso concreto que le vas a dar (escritorio, web, app, marca) y archiva el texto de la licencia junto al proyecto.
PDF preparado para impresión: tipografías embebidas o convertidas a curvas, imágenes a 300 ppp, documento en CMYK con el perfil que te indique el impresor, sangrado de tres milímetros y marcas de corte. Pregunta siempre antes, porque cada imprenta tiene su hoja de requisitos y algunas piden formatos concretos. Y manda una prueba impresa en casa junto al archivo: detecta erratas que en pantalla no ves.
Con 8 GB trabajas sin problema en diseño de interfaz, vector y edición de imagen a tamaños normales; con 16 GB dejas de pensar en ello. Para 3D, vídeo en alta resolución o composiciones de muchas capas, 16 GB es el suelo y una GPU dedicada cambia los tiempos de render por completo. Antes de ampliar RAM, comprueba que tienes SSD: el salto de un disco mecánico a un SSD se nota más que duplicar la memoria.
A casi todo, con equivalencias razonables: GIMP y Photopea para edición de imagen, Inkscape para vector, Krita para ilustración, Scribus para maquetación editorial, Kdenlive para vídeo, Blender para 3D y motion, y Penpot o Figma para interfaz. Lo que no encontrarás es una réplica exacta con los mismos atajos y el mismo comportamiento, y por eso conviene aprenderlas como herramientas propias en lugar de buscar dónde está «el botón equivalente». La transición cuesta unas semanas.
Tipografía, rejilla y alineación, jerarquía visual y contraste de color, por ese orden, y después una herramienta a fondo. Los fundamentos no caducan y funcionan en cualquier programa; la herramienta la cambiarás varias veces. Un atajo práctico: reproduce piezas que te gusten y compara el resultado con el original, porque cada diferencia que detectas es una decisión de diseño que aún no sabías ver.