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Conversor de milímetros a centímetros

Milímetros a centímetros

Convierte milímetros (mm) a centímetros (cm) en tiempo real. Calculadora online 100% gratuita, sin registro, con fórmula exacta y tabla de valores comunes.

Cálculo con precisión de hasta 8 decimales. El campo de resultado usa el punto como separador decimal; al escribir en castellano la forma correcta es la coma (0,1 cm).

Fórmula de conversión

centímetros = milímetros ÷ 10 (equivale a multiplicar × 0,1)

1 milímetro = 0,1 centímetros · 1 centímetro = 10 milímetros

Tabla de conversión rápida

milímetros (mm)centímetros (cm)
1 mm0,1 cm
2 mm0,2 cm
5 mm0,5 cm
10 mm1 cm
20 mm2 cm
50 mm5 cm
100 mm10 cm
500 mm50 cm
1000 mm100 cm

Para pasar de milímetros a centímetros divides entre 10, o lo que es lo mismo, mueves la coma decimal un lugar hacia la izquierda: 185 mm son 18,5 cm y 7 mm son 0,7 cm. La relación es exacta por definición, así que la conversión nunca añade error. Lo que sí añade errores es el resto: mover la coma en el sentido equivocado, redondear antes de tiempo y arrastrar a centímetros una precisión que el instrumento nunca te dio.

Por qué el trabajo real se cota en milímetros y casi nunca en centímetros

Coge cualquier plano de una pieza mecánica, el despiece de un mueble de montaje, la hoja de corte de un marmolista o el esquema de una ventana de aluminio. Verás números como 18,5, 420, 1.196 o 63. Ninguno lleva unidad escrita y todos son milímetros. Ese silencio no es descuido: es una convención que ahorra miles de anotaciones y elimina la ambigüedad más cara del oficio, la de no saber en qué unidad está hablando el que dibujó.

La razón de fondo es aritmética. El trabajo de taller decide en la escala del milímetro y de sus décimas, y en esa escala el milímetro deja números enteros o con uno o dos decimales, mientras que el centímetro obliga a arrastrar decimales en casi todas las cotas. Un eje de 12,7 mm escrito en centímetros es 1,27 cm; una chapa de 0,8 mm es 0,08 cm; un juego de 0,05 mm es 0,005 cm. Cada cero por delante de la cifra significativa es una oportunidad de leer mal, y en una pieza leer mal cuesta material.

Hay una segunda razón, más práctica: los instrumentos. La regla de acero, el flexómetro, el pie de rey y el micrómetro están graduados en milímetros y en fracciones de milímetro. Leer la medida ya te la entrega en milímetros, y convertirla a centímetros solo sirve para tener que convertirla de vuelta cuando vuelvas a la máquina. El centímetro entra en escena cuando el número sale del taller: cuando hay que explicárselo a alguien, cuando va a una ficha comercial, cuando describe un mueble en el salón de una casa.

En un plano, el número manda sobre el dibujo. Si la cota dice 18,5, la pieza mide 18,5 aunque el trazo parezca otra cosa. La unidad la fija el cajetín una sola vez, y lo que no está escrito es milímetro.

Dónde sí manda el centímetro

No todo va en milímetros y forzarlo sería pedante. El centímetro gana cuando la magnitud es grande respecto a la precisión que necesitas y cuando quien lee no es técnico. Ejemplos donde lo natural es el centímetro: tallas y medidas corporales, dimensiones de un mueble para ver si cabe en un hueco, el tamaño de un cuadro colgado, un bordillo, la altura de una encimera. En todos ellos la tolerancia real es de varios milímetros, así que hilar más fino no aporta nada y el centímetro da un número más corto y más legible.

La regla mental que funciona: si lo que decides se juega en el milímetro o por debajo, quédate en milímetros; si se juega en el centímetro o por encima, convierte. Y si dudas, mira quién va a leer el número.

El caso del papel y de las tarjetas

Dos ejemplos cotidianos explican la lógica mejor que cualquier teoría. Un DIN A4 mide 210 × 297 mm. En centímetros sería 21 × 29,7 cm, con un decimal que aparece en cuanto sales del milímetro. Y una tarjeta bancaria del formato ID-1 mide 85,60 × 53,98 mm: dos decimales de milímetro, porque el ranurado de los cajeros y los lectores no admite juego. Escrita en centímetros, 8,560 × 5,398 cm, la misma información se vuelve incómoda de leer y de teclear.

La conversión paso a paso y los cuatro errores de la coma

La operación es dividir entre 10. Mecánicamente, mover la coma decimal un lugar a la izquierda. Si el número no tiene coma escrita, la coma está al final: 47 es 47,0 y al moverla queda 4,70, o sea 4,7 cm. Si al mover la coma te quedas sin cifras por la izquierda, rellenas con un cero: 7 mm pasa a 0,7 cm; 3,5 mm pasa a 0,35 cm.

Ejemplos resueltos

Una chapa de 1,5 mm. Mueves la coma: 0,15 cm. La chapa fina es el caso que mejor enseña por qué el taller no usa centímetros: el espesor comercial se pide en milímetros y con un decimal como mucho, y el equivalente en centímetros empieza con un cero que no aporta nada.

Un tablero de 1.196 mm. Al dividir entre 10 queda 119,6 cm. Fíjate en el punto de los millares: si lo confundes con una coma decimal, el 1.196 se convierte en 1,196 y el resultado se te va a 0,1196 cm, tres órdenes de magnitud por debajo. Es el error más frecuente al pegar datos entre programas configurados con convenciones distintas.

Una tolerancia de 0,02 mm. Queda 0,002 cm. Tres ceros a la derecha de la coma. Nadie escribe así una tolerancia de taller, y esa es la demostración práctica de por qué la metrología vive en milímetros y en micras.

Un tornillo M6 de 40 mm. Los 40 mm de longitud son 4 cm, redondos. Pero el 6 del M6 no se convierte: es el diámetro nominal de la rosca en milímetros y forma parte del nombre de la pieza. Convertir la designación sería como traducir un código de referencia.

Los cuatro errores que se repiten

1. Multiplicar por 10 en vez de dividir. Es el error número uno y se detecta solo: si el resultado en centímetros es mayor que el número de milímetros, la has movido al revés. El centímetro es una unidad más grande, así que al cambiar a centímetros el número siempre baja.

2. Confundir el separador de millares con el decimal. En castellano el separador decimal es la coma y el de millares el punto; en convención anglosajona es al revés. Una hoja de cálculo importada con la configuración equivocada te convierte 1.250 mm en 1,25 mm sin avisar. Antes de convertir un listado entero, comprueba un valor conocido a mano.

3. Redondear antes de tiempo. Si vas a encadenar operaciones, redondea solo al final. Convertir 127 mm a 12,7 cm, redondear a 13 cm y luego sumar seis piezas te deja 78 cm frente a los 76,2 cm reales: casi dos centímetros de desviación acumulada que salen de haber redondeado demasiado pronto.

4. Convertir lo que no es una longitud. Los números que forman parte de una designación normalizada no se convierten: el M8 de un tornillo, el 0,4 de una boquilla de impresora, el 1,75 de un filamento, el 50 de un objetivo fotográfico. Son nombres, no medidas para recalcular.

Cifras significativas: convertir no mejora una medida

Aquí está el error conceptual más caro y el menos visible, porque no lo detecta nadie: creer que un número con más decimales es una medida mejor. Convertir de milímetros a centímetros es un cambio de escala, no una mejora del instrumento. Si mediste con una regla que aprecia el milímetro, tu incertidumbre es de aproximadamente medio milímetro, y sigue siéndolo después de convertir. Escribir 1,30000 cm no te acerca más a la realidad que escribir 1,3 cm; solo le cuenta al siguiente que leyó la pieza una mentira sobre tu equipo.

Convertir no añade precisión. Si la regla te da 13 mm, pasarlo a 1,3 cm no te acerca ni una micra más a la pieza real: solo cambia la etiqueta del mismo número.

Cuántos decimales dejar

La regla práctica es conservar las cifras significativas de la medida original y ni una más. Un milímetro entero medido con regla se queda en un decimal de centímetro. Una lectura de pie de rey de 0,05 mm admite tres decimales de centímetro. Una de micrómetro, con apreciación de 0,01 mm, admite tres decimales también, porque 0,01 mm son 0,001 cm.

Hay un matiz que se olvida: los ceros a la derecha sí informan. Si tu regla aprecia el milímetro y la pieza cae justo en la marca de los 130 mm, lo correcto es escribir 13,0 cm, no 13 cm. Ese cero final dice que has mirado hasta la décima de centímetro y que está en cero, no que hayas medido a ojo. Es la diferencia entre una medida documentada y un número suelto.

La calculadora de arriba y los 8 decimales

El conversor de esta página trabaja con hasta 8 decimales y recorta los ceros sobrantes. Esa resolución está pensada para que la herramienta no te estropee un dato que sí viene con muchas cifras, por ejemplo un resultado intermedio de un cálculo previo. No es una invitación a copiar los ocho decimales a un plano: el número que publiques lo decide tu instrumento, no la pantalla.

Tolerancias y ajustes: el milímetro que se parte en décimas y centésimas

Una cota sola no dice lo suficiente. Una pieza real nunca sale exactamente en la medida nominal, así que el plano indica cuánto puede desviarse: es la tolerancia. Se escribe pegada a la cota, con el mismo número de decimales, y siempre en la unidad del plano, es decir, en milímetros.

Cómo se escribe una tolerancia

Las formas habituales son tres. La simétrica, del tipo 40 ±0,1, que admite cualquier valor entre 39,9 y 40,1. La asimétrica, con desviación superior e inferior distintas, escrita con dos cifras una encima de otra. Y la codificada con letra y número, el sistema de ajustes ISO, donde la letra indica la posición de la zona de tolerancia y el número la calidad: en un agujero va en mayúscula y en un eje en minúscula, y la combinación de ambos define si el montaje quedará con juego, apretado o justo.

Los planos que no cotan tolerancia pieza a pieza remiten a una norma de tolerancias generales, que asigna una desviación admisible según el tamaño nominal y la clase declarada en el cajetín. Ese es el dato que tienes que mirar antes de mecanizar: la tolerancia de una cota sin indicación no es cero, es la que dicta la tabla de la clase que el plano haya elegido.

Por qué una tolerancia en centímetros no se lee

Escribe la misma tolerancia en las dos unidades y compara: 40 ±0,1 mm frente a 4 ±0,01 cm. El segundo formato es correcto aritméticamente y es un desastre en la práctica. La cifra que gobierna el trabajo, ese 1, queda enterrada bajo dos ceros, y el ojo que revisa cien cotas seguidas se salta uno tarde o temprano. Por eso ningún taller convierte tolerancias: las lee tal y como vienen.

Leer la medida: regla, pie de rey y micrómetro

La conversión solo vale lo que valga la lectura de partida. Merece la pena repasar cómo aprecia cada instrumento y qué significa ese valor en centímetros, aunque sea para comprobar lo poco cómodo que resulta el centímetro cuanto más fino hilas.

La regla y el flexómetro

Una regla de acero o un flexómetro de obra están graduados en milímetros. Con buena luz y el canto apoyado se puede estimar la mitad de la división, pero esa estimación ya es tuya y no del instrumento. Dos vicios arruinan la lectura: mirar de lado, lo que desplaza la marca por paralaje, y medir desde el extremo gastado de la regla en lugar de desde una marca limpia. Si la regla tiene el canto comido, mide desde la marca de 10 mm y resta.

El pie de rey y el nonio

El calibre pie de rey añade una segunda escala, el nonio, que permite leer fracciones de la división principal. El mecanismo es sencillo: el nonio divide en N partes un tramo ligeramente más corto que N divisiones de la regla, así que solo una de sus rayas coincide exactamente con una de la escala fija, y esa coincidencia te da la fracción. Un nonio de 20 divisiones aprecia 0,05 mm; uno de 50 divisiones aprecia 0,02 mm.

La lectura se hace en dos pasos: los milímetros enteros los lees en la escala fija antes del cero del nonio, y las fracciones las lees en la raya del nonio que coincida. Los calibres digitales te dan el número directo, con la comodidad de poder poner a cero en cualquier posición para medir diferencias, y con la trampa de que un cero mal puesto o una pila floja te dan un número perfectamente formateado y perfectamente falso.

El micrómetro

El micrómetro de exteriores aprovecha el paso de un husillo roscado: una vuelta completa del tambor avanza el husillo medio milímetro, y el tambor está dividido en 50 partes, de manera que cada división vale 0,01 mm. Con nonio adicional se baja a la micra. El trinquete de fricción no es un adorno: aprieta siempre con la misma fuerza, y medir a pulso con el tambor deforma la pieza y falsea el dato en las mismas centésimas que intentas cazar.

InstrumentoApreciaEn centímetrosUso típico
Flexómetro de obra1 mm0,1 cmReplanteo, mediciones largas
Regla de acero1 mm (0,5 mm estimado)0,1 cmMarcado y trazado
Pie de rey, nonio de 200,05 mm0,005 cmDiámetros, espesores, profundidades
Pie de rey, nonio de 500,02 mm0,002 cmVerificación de piezas mecanizadas
Micrómetro de exteriores0,01 mm0,001 cmAjustes, ejes, chapas finas

La columna de centímetros está para que se vea el problema, no para que la uses: en cuanto bajas del milímetro, el centímetro obliga a contar ceros.

Carpintería y corte: el ancho de la hoja se paga en milímetros

En carpintería la conversión a centímetros parece inofensiva hasta que aparece el corte. Toda hoja de sierra se come material al pasar, y ese ancho de corte, la galga o kerf, no es despreciable: en una sierra circular de mano está en el entorno de los dos o tres milímetros según la hoja, y el fabricante lo indica en el disco. La sierra de cinta corta más estrecho y la de calar depende de la hoja montada.

La consecuencia es aritmética pura. Si de un tablero de 2.440 mm quieres sacar cuatro piezas de 600 mm, en el papel sobran 40 mm. En la realidad, tres cortes a 3 mm se llevan 9 mm, así que el margen baja a 31 mm y sigues yendo bien. Pero si querías sacar cuatro de 610 mm, el papel dice que encajan justas y la sierra dice que no, porque faltan los 9 mm del serrín. El despiece se hace en milímetros por esto: el error que te cuesta un tablero vive en la escala del milímetro, no del centímetro.

Marcar, no estimar

Dos costumbres separan un corte limpio de uno aproximado. La primera, marcar con cuchilla o lápiz de punta fina en lugar de con lápiz grueso: una raya de dos milímetros de ancho ya te está dando dos milímetros de duda antes de arrancar. La segunda, decidir de qué lado de la marca va la hoja y mantenerlo en todos los cortes. Si cortas unas veces por dentro de la línea y otras por fuera, acumulas la galga entera de diferencia entre piezas que deberían ser iguales.

Artes gráficas: sangrado, puntos tipográficos y píxeles

La imprenta es el otro gremio que vive en milímetros, y por el mismo motivo: sus márgenes de error están por debajo del centímetro. Un documento para imprimir se define por su tamaño final, su sangrado y sus márgenes de seguridad, y los tres se expresan en milímetros.

Los milímetros de sangrado

El sangrado es la prolongación de la imagen o el color más allá del borde final, para que la guillotina no deje una franja blanca si el corte se desvía. La convención más extendida en imprenta comercial son 3 mm por lado, aunque cada imprenta lo especifica en su pliego y conviene confirmarlo antes de entregar. En centímetros serían 0,3 cm: otra vez el cero que sobra. Y el margen de seguridad interior, la zona donde no debe caer texto, se define igual, en milímetros desde el borde.

Del punto tipográfico al milímetro

El cuerpo de letra no se mide en milímetros sino en puntos, herencia de la tipografía de plomo. El punto que usan los programas de maquetación actuales equivale a 1/72 de pulgada. Como la pulgada son 25,4 mm exactos por definición, un punto son 25,4 ÷ 72 = 0,3528 mm aproximadamente, y una pica, que son 12 puntos, mide unos 4,233 mm. De ahí sale que un cuerpo de 10 puntos ocupe algo más de 3,5 mm de altura nominal del tipo, que no es lo mismo que la altura de la letra impresa.

Píxeles, resolución y milímetros

Un píxel no tiene tamaño físico: lo adquiere cuando fijas la resolución de salida. A 300 puntos por pulgada, cada píxel mide 25,4 ÷ 300 = 0,0847 mm. A 150 ppp mide el doble, 0,169 mm. Esa aritmética es la que decide si una imagen sirve para imprimir: divide los píxeles de ancho entre los ppp a los que vas a imprimir, multiplica por 25,4 y tienes los milímetros reales que cubre.

Medida de artes gráficasEn milímetrosEn centímetrosDe dónde sale
1 pulgada25,4 mm2,54 cmEquivalencia exacta por definición
1 punto tipográfico≈ 0,3528 mm≈ 0,0353 cm1/72 de pulgada
1 pica (12 puntos)≈ 4,233 mm≈ 0,4233 cm1/6 de pulgada
1 píxel a 300 ppp≈ 0,0847 mm≈ 0,0085 cm25,4 ÷ 300
Sangrado habitual por lado3 mm0,3 cmConvención de imprenta, confírmala
Hoja DIN A4210 × 297 mm21 × 29,7 cmSerie A normalizada

CAD e impresión 3D: el milímetro como unidad por defecto del fichero

En diseño asistido por ordenador la unidad no es una preferencia de visualización: es parte del fichero. Un modelo mecánico se levanta en milímetros porque la cadena entera que viene después, del plano al control numérico, asume milímetros. Cambiar la unidad del documento a mitad de proyecto es la vía rápida a una pieza mal escalada, así que la unidad se fija al crear el archivo y se deja quieta.

El STL no guarda unidades

El formato de malla más usado para impresión 3D guarda coordenadas, no unidades. Es decir: guarda el número 20, no «20 milímetros». Quien abre el fichero interpreta esos números según su propio criterio, y en la práctica todo el ecosistema los lee como milímetros. Ese es el origen del clásico modelo que sale diez veces más pequeño: se diseñó en centímetros y el laminador lo leyó en milímetros. Si te pasa, la corrección es escalar al 1.000 %, que es exactamente el factor 10 que separa las dos unidades.

Altura de capa, boquilla y filamento

Los tres parámetros que más tocas en una impresora de filamento se expresan en milímetros con decimales, y ninguno de ellos tiene sentido en centímetros. La altura de capa se mueve típicamente entre una décima y tres décimas de milímetro: más baja da mejor acabado y multiplica el tiempo, más alta va rápida y deja las capas a la vista. La boquilla de 0,4 mm es la que monta la mayoría de máquinas de serie, y su diámetro marca el ancho mínimo de pared que puedes extruir. El filamento viene en dos diámetros extendidos, 1,75 mm y 2,85 mm, y confundirlos al configurar el perfil descuadra todo el caudal de material.

La relación entre altura de capa y boquilla no es libre: la práctica habitual es no pasar de aproximadamente tres cuartas partes del diámetro de la boquilla, porque por encima la capa no se adhiere bien a la anterior. Con una boquilla de 0,4 mm eso sitúa el techo razonable en torno a los 0,3 mm de capa.

Tornillería y brocas: cuando el milímetro es el nombre de la pieza

La designación métrica de un tornillo empieza por M seguida del diámetro nominal de la rosca en milímetros. Un M6 tiene 6 mm de diámetro exterior de rosca. El segundo dato es el paso, la distancia en milímetros entre dos filetes consecutivos, y cada diámetro tiene asignado un paso grueso normalizado que se sobreentiende si no se escribe: cuando el tornillo lleva paso fino, sí se indica expresamente.

De ahí sale la regla práctica para taladrar antes de roscar: el diámetro de la broca es aproximadamente el diámetro nominal menos el paso. Un M6 de paso 1 se taladra a 5 mm; un M8 de paso 1,25 se taladra a 6,8 mm; un M10 de paso 1,5 se taladra a 8,5 mm. Fíjate en el 6,8 y en el 8,5: son décimas de milímetro. Escritos en centímetros, 0,68 cm y 0,85 cm, dejan de parecerse a un juego de brocas y pasan a ser números que hay que traducir mentalmente cada vez.

El milímetro no se usa por costumbre: se usa porque deja el número entero, o con un decimal, justo en la escala donde el trabajo se decide. El centímetro es para contarlo después.

Un milímetro de lluvia es un litro por metro cuadrado, y se demuestra

La meteorología mide la precipitación en milímetros y el dato se comunica muchas veces como litros por metro cuadrado. No son dos escalas distintas: son exactamente lo mismo, y la equivalencia sale de una multiplicación.

Imagina un metro cuadrado de suelo plano y una lámina de agua de 1 mm de altura encima. El volumen es la superficie por la altura. La superficie es 1 m². La altura, 1 mm, son 0,001 m. El volumen sale 1 × 0,001 = 0,001 m³. Y como un metro cúbico son 1.000 litros, ese volumen equivale a 1.000 × 0,001 = 1 litro. De ahí que 1 mm de lluvia sea 1 litro por metro cuadrado, sin aproximación ninguna.

La misma cuenta te sirve para dimensionar una recogida de agua. Si un tejado tiene 80 m² de proyección horizontal y caen 25 mm de lluvia, el agua que llega al canalón son 80 × 25 = 2.000 litros, menos lo que se pierda por evaporación, salpicadura y rebose. Y ahí la conversión a centímetros no ayuda: 25 mm serían 2,5 cm, y la equivalencia directa con el litro se rompe, porque el número redondo del litro está atado al milímetro.

Óptica, fotografía y joyería: tres sitios más donde el centímetro no entra

La distancia focal

La focal de un objetivo se expresa en milímetros y funciona como nombre del objetivo más que como medida a convertir. Hablar de un objetivo de 5 cm en lugar de 50 mm es correcto aritméticamente y no lo dice nadie, porque toda la terminología del gremio, del gran angular al teleobjetivo, está construida sobre la cifra en milímetros. El diámetro de rosca para filtros va igual: se indica en milímetros y determina qué filtro enrosca y cuál no.

La joyería

En joyería el milímetro manda por el tamaño de las piezas. El grosor de un aro, el diámetro de una perla, la anchura de una alianza y el calibrado de una piedra se dan en milímetros, a menudo con decimales. Las tallas de anillo se derivan del diámetro o del perímetro interior medido en milímetros, y como la diferencia entre dos tallas contiguas es de fracciones de milímetro, convertir a centímetros solo añadiría ceros en un oficio donde el ajuste se nota en la mano.

La electrónica

El montaje superficial de componentes trabaja en una escala todavía más pequeña, con separaciones entre patillas de fracciones de milímetro. Los encapsulados y las huellas de las placas se describen en milímetros o en pulgadas, según la herencia de cada familia de componentes, y en ningún caso en centímetros. Cuando diseñas una placa, la unidad del documento decide si las pistas caen donde deben.

Tabla ampliada de milímetros a centímetros

Valores frecuentes en taller, obra y diseño, con el contexto en el que sueles encontrártelos. Todos salen de dividir entre 10, así que puedes comprobar cualquiera de un vistazo.

MilímetrosCentímetrosDónde aparece esa medida
0,1 mm0,01 cmAltura de capa fina en impresión 3D
0,4 mm0,04 cmBoquilla de serie de una impresora de filamento
1,75 mm0,175 cmDiámetro de filamento más extendido
3 mm0,3 cmSangrado habitual en artes gráficas
6,8 mm0,68 cmBroca previa para roscar un M8 de paso grueso
12,7 mm1,27 cmMedia pulgada exacta
25,4 mm2,54 cmUna pulgada exacta
50 mm5 cmFocal clásica de objetivo fotográfico
85,6 mm8,56 cmLargo de una tarjeta de formato ID-1
210 mm21 cmAncho de una hoja DIN A4
297 mm29,7 cmAlto de una hoja DIN A4
600 mm60 cmFondo habitual de un módulo de cocina
1.196 mm119,6 cmMedida de despiece con decimal al convertir
2.440 mm244 cmLargo de un tablero de formato grande

Cómo comprobar una conversión en dos segundos

Antes de dar por buena una cifra, pásale estas tres pruebas. Son rápidas y cazan casi todos los errores de coma que acaban en material cortado de más.

La prueba del tamaño. El número en centímetros siempre es menor que el número en milímetros, y exactamente diez veces menor. Si sale mayor, has multiplicado en vez de dividir.

La prueba del orden de magnitud. Piensa qué tamaño esperas. Si conviertes el ancho de una puerta y te sale 8,25 cm, no es una puerta: es que el 825 se te ha convertido en 8,25 por una coma mal puesta. Compara siempre con algo cuyo tamaño conozcas.

La prueba de la vuelta. Multiplica el resultado por 10 y comprueba que recuperas el número de partida. Con la calculadora de esta página lo tienes en un segundo, y si trabajas con una lista larga, basta con verificar el primero, uno del medio y el último para detectar una conversión aplicada en bloque al revés.

Cuándo no conviertas

Cierra con esta idea, que ahorra más disgustos que cualquier tabla: si el número va a volver a una máquina, a un plano o a una lista de corte, no lo conviertas. Déjalo en milímetros, que es donde nació y donde lo va a leer quien trabaja. Convierte a centímetros cuando el número sale de la cadena de fabricación y entra en una conversación: una descripción, un texto, una medida para casa. Cada conversión innecesaria es un sitio más donde se puede mover la coma.

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