Conversor de miligramos a gramos

Convierte miligramos (mg) a gramos (g) en tiempo real. Calculadora online 100% gratuita, sin registro, con fórmula exacta y tabla de valores comunes.
Cálculo con precisión de hasta 8 decimales. El campo numérico usa el punto como separador decimal.
Fórmula de conversión
gramos = miligramos × 0.001
1 miligramo = 0.001 gramos
Tabla de conversión rápida
| miligramos (mg) | gramos (g) |
|---|---|
| 1 mg | 0.001 g |
| 2 mg | 0.002 g |
| 5 mg | 0.005 g |
| 10 mg | 0.01 g |
| 20 mg | 0.02 g |
| 50 mg | 0.05 g |
| 100 mg | 0.1 g |
| 500 mg | 0.5 g |
| 1000 mg | 1 g |
Respuesta directa: para pasar de miligramos a gramos divides entre 1.000, o lo que es lo mismo, multiplicas por 0,001 y desplazas la coma decimal tres lugares hacia la izquierda. Así, 500 mg son 0,5 g, 250 mg son 0,25 g, 1.000 mg son 1 g y 25 mg son 0,025 g. La relación es exacta, fija y no depende de la sustancia: «mili» significa una milésima parte, siempre. En sentido contrario, de gramos a miligramos, multiplicas por 1.000.
La aritmética del salto de mil y por qué se falla tanto
El miligramo no es una unidad independiente: es el gramo con un prefijo del Sistema Internacional delante. Ese prefijo, «mili», vale 10⁻³, o sea una milésima. De ahí sale todo lo demás. Un gramo contiene 1.000 miligramos y un miligramo contiene 1.000 microgramos. El sistema está pensado para que nunca tengas que memorizar factores raros: todos los saltos entre unidades de masa metricas son potencias de diez, y en esta escala concreta son potencias de mil.
Si el sistema es tan limpio, ¿por qué se equivoca tanta gente? Por tres motivos que se repiten. El primero es que mover tres cifras a mano obliga a rellenar con ceros a la izquierda y el cerebro se resiste a escribir 0,025 cuando ve 25. El segundo es que en esta escala conviven dos saltos de mil seguidos, gramo → miligramo → microgramo, y basta despistarse una vez para errar por un factor de mil. El tercero es la dirección: multiplicar o dividir. Al bajar de gramos a miligramos el número crece; al subir de miligramos a gramos, encoge. Si tu resultado va en la dirección contraria a la intuición, has invertido la operación.
Mover la coma tres lugares, en los dos sentidos
La regla mecánica es corta. De miligramos a gramos, la coma va tres posiciones a la izquierda; si no hay cifras suficientes, se añaden ceros delante y se escribe el cero de las unidades: 7 mg se convierte en 0,007 g, no en «,007 g». De gramos a miligramos, la coma va tres posiciones a la derecha y se rellena con ceros por la derecha si hace falta: 0,4 g pasan a 400 mg. Ese cero inicial que muchos omiten es lo que evita que un 0,007 se lea como 007.
Cuando el número ya tiene decimales, la operación es la misma. 12,5 mg son 0,0125 g. 2.350 mg son 2,35 g. 0,75 mg son 0,00075 g. Fíjate en que la secuencia de cifras significativas no cambia nunca: el 125, el 235 y el 75 siguen ahí. Lo único que se mueve es la coma. Si al convertir te han cambiado las cifras, y no solo su posición, el error no es de conversión sino de cálculo.
El mapa completo de la escala
Merece la pena tener el mapa entero delante, porque muchas confusiones nacen de saltarse un peldaño. Esta tabla recoge las unidades de masa que te vas a encontrar alrededor del gramo, con su equivalencia exacta y el sitio donde aparecen de verdad.
| Unidad | En gramos | En miligramos | Dónde la ves |
|---|---|---|---|
| Microgramo (µg) | 0,000001 g | 0,001 mg | Vitaminas y minerales traza en etiquetas |
| Miligramo (mg) | 0,001 g | 1 mg | Prospectos, suplementos, cafeína, laboratorio |
| Quilate métrico | 0,2 g | 200 mg | Gemología: diamantes y piedras de color |
| Grano (gr) | 0,06479891 g | 64,79891 mg | Pólvora y proyectiles en ficha anglosajona |
| Gramo (g) | 1 g | 1.000 mg | Cocina, etiquetado nutricional, comercio |
| Kilogramo (kg) | 1.000 g | 1.000.000 mg | Unidad base del SI, básculas y logística |
Si lo que necesitas es el peldaño de arriba, el del gramo al kilo, tienes el detalle completo del kilogramo como unidad base en convertir gramos a kilos, con la redefinición de 2019 y lo que implica para las básculas. Aquí nos quedamos deliberadamente abajo, en la franja donde un error de un factor de mil no se nota a simple vista.
Tres ejemplos resueltos paso a paso
Ejemplo 1. Tienes 1.750 mg y los quieres en gramos. Divides entre 1.000: la coma, que está implícita detrás del último 0, se desplaza tres lugares a la izquierda y queda entre el 1 y el 7. Resultado: 1,75 g. Comprobación mental: 1.750 mg es algo más de 1.000 mg, así que el resultado tiene que ser algo más de 1 g. Encaja.
Ejemplo 2. Tienes 45 mg. Al mover la coma tres lugares te faltan cifras, así que rellenas: 45 → 0,045. Resultado: 0,045 g. Comprobación: 45 mg es menos de la décima parte de un gramo, y 0,045 es menos de 0,1. Encaja.
Ejemplo 3. Tienes 0,8 mg. Mueves tres lugares: 0,8 → 0,0008. Resultado: 0,0008 g. Este es el caso donde más gente se pierde, porque el número de partida ya era decimal. Un truco que funciona: pasa primero a microgramos, donde el número es cómodo (0,8 mg = 800 µg), y desde ahí vuelve a gramos dividiendo entre un millón. Llegas al mismo sitio con cifras enteras por el camino.
Una conversión de unidades no puede cambiar la cantidad de información que tenías. Si entras con dos cifras significativas, sales con dos. Todo decimal que aparezca de más en la pantalla de una calculadora es aritmética, no conocimiento.
Cifras significativas y notación científica a escala de miligramo
A esta escala, el redondeo deja de ser un detalle estético. Cuando trabajas con gramos enteros, perder un decimal apenas importa. Cuando trabajas con miligramos, ese mismo decimal puede ser la mitad de la cantidad. Por eso conviene separar dos cosas que suelen ir mezcladas: cuántas cifras tienes y cuántas cifras muestras.
Ceros que cuentan y ceros que no
En 0,045 g hay dos cifras significativas: el 4 y el 5. Los ceros de delante solo colocan la coma, no aportan precisión. En cambio, en 0,0450 g hay tres, porque ese último cero escrito a propósito dice que la medida llega hasta esa posición. Escribir un cero final que no has medido es afirmar una precisión que no tienes; borrarlo cuando sí la tienes es tirar información. Los dos errores son frecuentes y van en direcciones opuestas.
El conversor de arriba muestra hasta ocho decimales y elimina los ceros sobrantes del final. Eso está bien para no arrastrar ruido, pero recuerda que la herramienta no sabe con qué precisión mediste. Si tu balanza da 45 mg y tú lees 0,045 g, has hecho lo correcto. Si la lees como 0,04500000 g, estás inventando seis cifras.
Cuándo compensa la notación científica
A partir de tres o cuatro ceros después de la coma, la notación decimal empieza a ser un estorbo. 0,0000023 g es difícil de leer y muy fácil de copiar mal. Escrito como 2,3·10⁻⁶ g, el número cabe de un vistazo y las cifras significativas quedan a la vista. Esta es la razón por la que en laboratorio se trabaja con potencias de diez en cuanto se baja del miligramo.
Hay una alternativa que a menudo es mejor: cambiar de unidad en vez de cambiar de notación. Ese mismo 0,0000023 g son 2,3 µg. Las unidades del Sistema Internacional existen precisamente para que los números se queden en un rango legible. Si tu resultado tiene más de tres ceros pegados a la coma, probablemente estés usando la unidad equivocada para lo que quieres contar.
Dónde se pierde la información
El redondeo prematuro es el enemigo silencioso. Si conviertes, redondeas, vuelves a convertir y vuelves a redondear, el error se acumula. La costumbre sana es arrastrar todos los decimales durante la cadena de cálculos y redondear solo al final, una vez, a las cifras que realmente mediste. Las hojas de cálculo lo hacen bien si no fuerzas el formato: mostrar dos decimales no cambia el valor almacenado, pero escribir manualmente el valor redondeado sí.
Etiquetado nutricional: dónde aparecen los miligramos de verdad
La tabla nutricional de un envase es probablemente el sitio donde más personas se topan con miligramos y microgramos en la misma cuadrícula. Los macronutrientes, la sal y la fibra van en gramos. Las vitaminas y los minerales van en miligramos o en microgramos según la sustancia. Esa mezcla dentro de una misma tabla es la que genera errores de lectura de tres órdenes de magnitud.
Sal y sodio: dos conversiones distintas que se confunden
Aquí hay una trampa que conviene entender bien, porque no es aritmética de unidades. Pasar de miligramos a gramos es un cambio de unidad: la cantidad de materia es la misma y solo cambia la etiqueta del número. Pasar de sodio a sal es otra cosa: es un cálculo químico, porque la sal común contiene sodio y cloro, y el sodio es solo una parte de su masa.
El Anexo I del Reglamento (UE) 1169/2011 sobre información alimentaria facilitada al consumidor lo define de forma literal: por «sal» se entiende el contenido equivalente en sal calculado mediante la fórmula sal = sodio × 2,5. Ese 2,5 es un factor fijo publicado en la norma, no una estimación. Y es independiente del cambio de unidad: si tienes el sodio en miligramos y quieres la sal en gramos, haces las dos operaciones por separado.
Con un ejemplo se ve claro. Supón que una etiqueta declara 400 mg de sodio por cada 100 g de producto. Primero conviertes la unidad: 400 mg = 0,4 g de sodio. Después aplicas el factor de la norma: 0,4 × 2,5 = 1 g de sal equivalente. Si hubieras aplicado el 2,5 sin convertir, habrías obtenido 1.000 «algo» sin unidad clara. Y si hubieras convertido sin aplicar el factor, habrías declarado 0,4 g de sal donde hay 1 g. Los dos fallos son habituales y el segundo minimiza la cifra en un 60 %.
Conviene saber además que la norma pide declarar «sal» en la tabla, no «sodio», aunque el sodio puede indicarse junto a ella. Si ves un envase antiguo o importado que solo da sodio, la conversión de arriba es la que permite compararlo con uno europeo actual.
Vitaminas y minerales: mg y µg en la misma columna
Dentro del bloque de vitaminas y minerales, la unidad cambia de fila en fila. Algunos minerales se declaran en miligramos y otros micronutrientes en microgramos, porque las cantidades implicadas se diferencian en órdenes de magnitud. La consecuencia práctica es que comparar dos productos exige mirar la unidad de cada línea antes que el número. Un valor de 200 en una fila de microgramos y un 200 en una fila de miligramos se llevan un factor de mil.
Otro punto donde se mete ruido: el símbolo. El microgramo se escribe µg, con la letra griega mu. En textos escritos con teclados sin ese carácter aparece a veces como «mcg» o como «ug». Las tres grafías nombran lo mismo. Lo que nunca significan lo mismo son «mg» y «mcg», y la distancia entre teclas hace que la errata sea fácil. Cuando copies un valor a mano, comprueba la unidad dos veces.
Por 100 g, por ración y el porcentaje de referencia
La declaración obligatoria se expresa por 100 gramos o por 100 mililitros, y puede repetirse por ración. Ahí aparece un tercer nivel de conversión que no tiene nada que ver con las unidades: la proporción. Si un producto declara 30 mg de una sustancia por 100 g y la ración son 25 g, la ración aporta una cuarta parte, 7,5 mg. Muchas comparaciones entre productos se estropean porque se comparan raciones de distinto tamaño, no porque se hayan convertido mal los miligramos.
Esta página explica cómo se leen las unidades de una etiqueta, no qué cantidades conviene tomar. Cualquier valoración de si una cifra es alta o baja para una persona concreta corresponde a un profesional sanitario, que es quien dispone del contexto individual.
Complementos alimenticios: mg, µg y las UI
Los botes de complementos concentran tres notaciones distintas en una etiqueta pequeña, y es fácil mezclarlas. Dos de ellas, mg y µg, son masa pura y se convierten con la aritmética que ya conoces. La tercera no.
Por qué las UI no se convierten con una regla fija
La unidad internacional (UI) no mide masa: mide actividad biológica. Nació para poder expresar cantidades de sustancias cuya potencia depende de su forma química, no de cuánto pesan. Por eso no existe un factor único «tantas UI por miligramo» que valga para todo. La equivalencia se define sustancia por sustancia, y dentro de una misma sustancia puede cambiar según la forma concreta que lleve el producto.
La consecuencia práctica es directa: dos envases que declaren el mismo número de UI de cosas distintas no contienen la misma masa, y convertir UI a miligramos con un factor sacado de un foro es una forma segura de equivocarse. Si una etiqueta da las dos cifras, esa es la equivalencia que aplica a ese producto. Si solo da UI, lo correcto es quedarse con lo que dice la etiqueta.
Leer la etiqueta sin hacer cuentas de más
La lectura útil de un bote de complemento suele ser esta: qué sustancia es, en qué forma química, qué cantidad declara y a qué unidad se refiere esa cantidad, y si la cifra es por cápsula o por dosis diaria recomendada por el fabricante. Confundir «por cápsula» con «por dosis» cambia el número por un factor entero, y ese error no lo arregla ninguna conversión de unidades.
Lo que este conversor hace es el cambio de escala, nada más. No dice si una cantidad es adecuada, ni la compara con ninguna referencia, ni sustituye lo que indique el envase. Esa valoración la hace un profesional sanitario con la información de la persona delante.
Convertir unidades y decidir cantidades son dos operaciones distintas. Esta herramienta hace la primera. La segunda no se resuelve con aritmética, y esta página no la resuelve.
Cafeína y otras sustancias que se cuentan en miligramos
La cafeína es, probablemente, la sustancia que más gente ha buscado alguna vez en miligramos. Es un buen ejemplo de por qué las cifras se describen mejor en rangos que en valores cerrados, y de cómo la conversión de unidades no resuelve el problema de fondo.
Rangos, no cifras exactas
El contenido de cafeína de un café preparado varía muchísimo según el método de extracción, la cantidad de café molido, el grado de tueste, la especie del grano, la molienda, la temperatura del agua y el tiempo de contacto. Dos espressos hechos con la misma máquina y distinto molido no llevan lo mismo. Por eso las cifras serias se dan como intervalos amplios y referidas a un volumen concreto, y por eso cualquier tabla que dé un número único por taza está simplificando algo que no es simple.
En bebidas envasadas la situación es distinta: ahí el contenido está declarado por el fabricante y suele expresarse en miligramos por 100 mililitros. Esa notación merece atención, porque mezcla masa y volumen. Si la lata tiene 250 mL y la etiqueta declara una cantidad por 100 mL, tienes que multiplicar por 2,5 para saber lo que lleva el envase entero. Es la misma clase de proporción que veíamos con las raciones, y no tiene nada que ver con el salto mg → g.
Cuando el número está en gramos y lo quieres en miligramos
Una ficha técnica industrial a veces expresa en gramos lo que el consumidor ve en miligramos, sobre todo cuando habla de lotes o de fórmulas. Si lees 0,08 g de una sustancia por unidad, son 80 mg. Si lees 0,0004 g, son 0,4 mg, que a su vez son 400 µg. Ese ida y vuelta lo resuelve el conversor de arriba en un sentido y convertir gramos a miligramos en el otro.
Medicamentos y prospectos: cómo se leen las concentraciones
Este apartado explica qué significan las notaciones que aparecen en un envase o en un prospecto. No contiene dosis, ni pautas, ni umbrales, ni equivalencias entre sustancias, y no sustituye a lo que indique el prospecto ni al criterio de un profesional sanitario.
mg por unidad, mg/mL y mg/g
Hay tres notaciones distintas y conviene no mezclarlas. Cuando un envase indica una cifra en miligramos seguida de la forma farmacéutica, esa cifra describe cuánto principio activo contiene cada unidad. Es una masa, y se convierte a gramos con la regla de siempre: 500 mg por unidad son 0,5 g por unidad.
Cuando aparece «mg/mL», la cifra ya no es una masa total sino una concentración: miligramos de sustancia por cada mililitro de líquido. Para saber la masa contenida en un volumen hay que multiplicar la concentración por el volumen, y el resultado depende de cuánto líquido consideres. Una concentración no se convierte a gramos sin más, porque le falta el volumen.
«mg/g» es también una concentración, esta vez de masa sobre masa, típica de preparaciones semisólidas. A veces la misma información se expresa en porcentaje: 10 mg/g equivale a un 1 % en peso, porque 10 mg son 0,01 g y 0,01 sobre 1 es el 1 %. Ese puente entre la notación mg/g y el porcentaje es aritmética limpia y se puede hacer con confianza.
Lo que la conversión no resuelve
Convertir unidades no te dice nada sobre equivalencia entre sustancias distintas, ni sobre cómo se comporta una forma farmacéutica frente a otra, ni sobre qué cantidad corresponde a una persona. Dos productos con el mismo número de miligramos pueden no ser intercambiables por razones que no tienen que ver con la masa. Esa clase de decisión requiere el prospecto y el criterio de un profesional sanitario, y esta página no entra ahí.
Un apunte práctico y sin riesgo: no partas ni modifiques presentaciones para «ajustar» una cifra. La conversión mg ↔ g solo cambia cómo escribes un número.
Una concentración no es un peso. «500 mg» responde a cuánto hay; «5 mg/mL» responde a cuánto hay por cada mililitro. Confundirlas es el error de lectura más caro de esta escala, y no se arregla con una calculadora de unidades.
Oficios que viven en el miligramo: joyería, munición y laboratorio
Fuera del ámbito alimentario y sanitario hay sectores enteros que trabajan de forma cotidiana en esta escala, con unidades propias que conviene saber traducir.
El quilate métrico: 200 mg exactos
En gemología el quilate métrico vale 200 mg exactos, es decir, 0,2 g. Es una equivalencia cerrada, no aproximada, y por eso las conversiones salen redondas: una piedra de 0,5 quilates pesa 100 mg, una de 1,5 quilates pesa 300 mg y una de 2 quilates pesa 400 mg. Los quilates se subdividen en centésimas, llamadas puntos, así que un punto equivale a 2 mg.
Hay una homonimia que despista: los quilates del oro no son masa. Cuando se habla de oro de 18 quilates se está describiendo pureza, una proporción en veinticuatroavos, no un peso. Un anillo de 18 quilates puede pesar cualquier cosa. Si te encuentras «quilates» en una ficha, mira si acompaña a una gema o a un metal antes de convertir nada.
El grano: 64,79891 mg exactos
El grano es una unidad anglosajona que sobrevive casi solo en balística, donde se usa para describir masas de pólvora y de proyectiles. Su valor es exacto: 64,79891 mg, o 0,06479891 g. El número parece arbitrario pero no lo es: el acuerdo internacional de 1959 fijó la libra avoirdupois en 0,45359237 kg exactos, y la libra se divide en 7.000 granos. Dividir una cifra exacta entre 7.000 da otra cifra exacta, y de ahí salen esos siete decimales.
Para trabajar con fichas técnicas anglosajonas, la traducción es directa: multiplicas los granos por 64,79891 para obtener miligramos, y divides entre 1.000 para pasarlos a gramos. Un valor de 100 granos son 6.479,891 mg, o 6,479891 g. Si necesitas el puente con libras y onzas, tienes gramos a libras y gramos a onzas en el mismo bloque de convertidores.
Química de laboratorio y balanzas analíticas
En un laboratorio el miligramo es la moneda corriente, y ahí la conversión de unidades es la parte trivial del problema. Lo difícil es pesar. Una balanza analítica trabaja con resoluciones muy por debajo del miligramo, y para conseguirlo necesita condiciones que una báscula doméstica no tiene: cámara de pesada cerrada frente a corrientes de aire, superficie estable frente a vibraciones, temperatura razonablemente constante y tiempo de estabilización antes de leer.
Tres conceptos explican por qué no se pesan 5 mg en una báscula de cocina. El primero es la resolución: el escalón más pequeño que el instrumento puede mostrar. Si una báscula muestra gramos enteros, 5 mg sencillamente no existe para ella. El segundo es la deriva: la lectura de una balanza sensible se mueve con la temperatura y con el tiempo desde el encendido, y por eso se dejan estabilizar antes de usarlas. El tercero es la carga mínima: por debajo de cierta masa, el error relativo del instrumento crece tanto que el resultado deja de ser utilizable aunque la pantalla muestre dígitos. Una balanza puede tener resolución suficiente para mostrar una cifra y aun así no ser adecuada para pesar esa cantidad.
A esto se suma la tara y la electricidad estática. Pesar por diferencia, tarando el recipiente vacío y anotando lo que marca con la muestra dentro, es más robusto que pesar directamente en el plato. Y los polvos finos se cargan electrostáticamente con facilidad, lo que produce lecturas que se mueven solas sin que nada haya cambiado.
Calibración, pesas patrón y control metrológico
Una cifra en miligramos vale lo que valga el instrumento que la produjo. Cuando la medida tiene efectos comerciales o legales, el instrumento no basta con que funcione: tiene que estar sometido a control.
Qué dice el marco español
La Ley 32/2014, de 22 de diciembre, de Metrología ordena el control metrológico del Estado, cuyo objeto es garantizar la certeza y la corrección del resultado de las mediciones. Ese control distingue una fase de evaluación de la conformidad, antes de que el instrumento se comercialice, y una fase de instrumentos en servicio, que incluye la verificación periódica y la verificación después de reparación o modificación. Los instrumentos que superan esas fases gozan de presunción de exactitud salvo prueba en contrario.
La traducción práctica: la báscula de una tienda o de un laboratorio acreditado no se calibra «cuando parece que falla», sino según un calendario, y el resultado queda documentado. Un instrumento fuera de ese circuito puede dar números perfectamente legibles y perfectamente inútiles para cualquier uso con consecuencias.
Clases de exactitud y escalón de verificación
Los instrumentos de pesaje de funcionamiento no automático se clasifican en clases de exactitud identificadas con números romanos, de la más exigente a la más ordinaria. La clasificación se apoya en el escalón de verificación, que es el valor del peldaño con el que se evalúa el instrumento, y en el número de escalones de su alcance. Ese escalón no siempre coincide con el último dígito que muestra la pantalla: una balanza puede exhibir una cifra más de las que están verificadas, y ese dígito extra es informativo, no metrológicamente garantizado.
Por eso, cuando alguien pregunta si su balanza «pesa miligramos», la respuesta útil no es mirar los decimales de la pantalla sino la placa de características y su documentación. Los decimales son baratos; la exactitud no.
Pesas patrón y rutina de pesada
Las pesas patrón se fabrican en clases de tolerancia distintas, y la pesa que se usa para ajustar una balanza tiene que ser bastante más exacta que la balanza que verifica. Comprobar un instrumento con una pesa de peor clase que él no comprueba nada. Además, las pesas se manipulan con pinzas o guantes: la grasa de un dedo tiene masa suficiente para notarse en esta escala, y el óxido y las rozaduras cambian el valor con el tiempo.
Una rutina de pesada sensata cabe en cinco pasos: dejar el instrumento estabilizado tras el encendido, nivelarlo, comprobarlo con un patrón conocido, tarar el recipiente y esperar a que la lectura se estabilice antes de anotarla. Si vas a convertir esa lectura a gramos, anota primero el valor tal cual lo da el instrumento y convierte después, en una sola operación y sin redondeos intermedios.
Errores típicos, con el ejemplo resuelto al lado
Esta es la lista corta de fallos que aparecen una y otra vez en esta conversión, con lo que habría que haber hecho en cada caso.
| Error | Qué se escribe mal | Lo correcto |
|---|---|---|
| Invertir la operación | 250 mg = 250.000 g | 250 mg = 0,25 g |
| Mover dos cifras en vez de tres | 45 mg = 0,45 g | 45 mg = 0,045 g |
| Confundir mg con µg | 200 µg = 0,2 g | 200 µg = 0,2 mg = 0,0002 g |
| Aplicar el factor de sal sin convertir | 400 mg sodio → 1.000 de sal | 0,4 g sodio × 2,5 = 1 g de sal |
| Tratar una concentración como masa | 5 mg/mL = 0,005 g totales | 5 mg/mL × volumen = masa |
| Redondear a mitad de cadena | Redondear y volver a convertir | Arrastrar decimales, redondear al final |
| Mezclar punto y coma decimal | 0.001 pegado como 0001 | Comprobar el separador de tu hoja |
El separador decimal, un error de copia que parece de cálculo
El campo numérico del conversor de esta página muestra el punto como separador decimal, porque así funcionan los campos de tipo numérico del navegador. En castellano el separador decimal es la coma y el punto se usa para los millares. El valor es el mismo, pero al pegar «0.001» en una hoja de cálculo configurada en español puede interpretarse como texto, o peor, como el número 1 si el punto se toma por separador de miles. Cuando muevas cifras entre herramientas, comprueba la configuración regional antes de culpar a la conversión.
Cómo comprobar un resultado en tres segundos
Antes de dar por buena una conversión, haz dos comprobaciones rápidas. Primera, la dirección: al pasar de mg a g el número siempre encoge, y al pasar de g a mg siempre crece. Si tu resultado va al revés, has invertido la operación. Segunda, el orden de magnitud: 1.000 mg es exactamente 1 g, así que cualquier cantidad menor de mil miligramos tiene que dar menos de un gramo, y cualquier cantidad mayor, más. Esas dos comprobaciones cazan la práctica totalidad de los errores de esta escala.
Otros conversores que te van a hacer falta
Si trabajas a menudo con masas pequeñas, estos tres son los que más se usan junto a este: gramos a miligramos para el camino de vuelta, kilos a gramos para subir dos peldaños de golpe y onzas a gramos cuando la ficha viene en unidades anglosajonas. El listado completo está en convertidores.